Yo por mi parte, también seguiré esperándola.
Este sendero tapizado de escarcha nos recoge entre enebros y sabinas y nos marca el camino hacia la botadera para bajar a la terraza donde se encuentran las pinturas rupestres. El silencio a estas horas es sobrecogedor, la temperatura estará por debajo de cero grados y más en las umbrías, se debe tener mucho cuidado, un resbalón en ciertos sitios puede ser fatal, no es recomendable aventurarnos por estos lugares si no se conocen los senderos, botaderas y pasos.
Las imágenes se suceden una tras otra según te sumerges en sus entrañas. Y es que dentro de las Hoces te olvidas un poco de todo lo que sucede arriba, y los puntos de vista difieren, como veis, en la imagen también pasa.
Me encuentro en este lugar cara a cara con la madre naturaleza como en un abrazo mutuo. ¿Qué decir? ¿Qué pensar? Solo siéntate pues las piernas flojean y siéntela.
Sobre la roca soleada de esta mañana testimonios de un pasado que quedó en la sombra. Huellas inmortalizadas en el tiempo, temblorosas pinceladas pétreas no faltas de sentido y armonía. ¿Arte? El de llegar a nuestros días.
Agua, tierra, cielo.
Paso por debajo de unas peñas buitreras, las zonas blancas delatan sus nidos y posaderos, debajo, en el suelo, toda clase de desperdicios y excrementos.
Una botadera en nuestro camino, esta no la cogeremos, iremos a subir por la siguiente. Esto es como la vida misma, si se te presenta una ocasión ¿la coges o la dejas pasar? ¿Que elección es la correcta? En este caso de botaderas lo sabrás cuando llegues a la siguiente y veas que está practicable y si no lo está tienes la oportunidad de volver a la anterior. En la vida no tienes esa oportunidad y a veces ni se te brinda.
He tenido suerte, encontré la botadera y estaba en uso. Ahora estoy en el castro de La Mesilla y esta es la vista que tienen los buitres desde su posadero mañanero hasta encontrar térmicas que les eleven más entrada la mañana. El por qué lo digo mirar el suelo totalmente descarnado de hierbas y restos, lógico ¿no? y más por que al aparecer yo por la botadera unos diez o quince buitres salieron de este lugar en estampida al verme.
Esta es la misma vista pero un poco más cercana, como veis, no solo los buitres se relajan al sol, patos, cormoranes y algún bicho más, como yo, agradecemos el solillo de la mañana, abajo en la umbría hace mucho frío.


¿Qué si vi buitres? Alguno vi, no fue mi intención molestarlos, pero al revés de lo que muchos piensan debe haber una simbiosis entre el hombre y la fauna, no como muchos piensan, tratarlos con mimo: ¡huy! que no se despierten, ¡huy! pobrecillos. En cierta ocasión, haciendo esta misma marcha, en un paso obligado para mi, se encontraba una manada de jabalíes, el miedo me hizo retroceder de momento. Lo que quiero decir es que en la naturaleza debemos, además de respetar, saber en que posición nos encontramos con respecto a los demás, si al fin y al cabo es como la vida misma unos joden y otros están jodidos.
Una última imagen y una última reflexión, las Hoces del Duratón es un paraje para disfrutar integrándose en su espacio, en su interior, como otro bicho más y no verlo desde una mirada o una imagen más o menos bonita. Hay que sentirlo al ir caminando por entre sus senderos, percibir ese olor que desprenden sus plantas al pisarlas, ver sus cambios de color o emocionales (¿por qué no?) después de una agradecida lluvia de verano. Oír el silencio de sus piedras, el murmullo de sus enebros y sabinas, el batir de alas de los buitres o ese silbido que producen al cortar el viento. Y, sobre todo, es un buen momento para encontrarnos y oírnos a nosotros mismos en nuestro interior.








































