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Historias, leyendas y paseos por lugares de la provincia de Segovia.

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Actuación del grupo de los mas pequeños
"Busca lo mas vital"


Actuación del grupo de Sebúlcor
"Yesterday"



Actuación del grupo de Cozuelos de Fuentidueña
"Fernando"



El sábado pasado 16 de Junio algunos de los pueblos de la provincia conquistaron el teatro Juan Bravo de la capital segoviana, fue una conquista pacifica, tan pacifica que solo emplearon la música,esa gran arma que une individuos, pueblos y hasta naciones.

Al  público, la mayor parte de estos pueblos, Frumales, Adrados, Carrascal del Ríó, Veganzones, Cozuelos de Fuentidueña, Sauquillo de Cabezas, Sebúlcor, Muñoveros y Pinarejos a donde pertenecian los integrantes de las corales que actuaron, no les fué dificil conquistarles,venían ya algo conquistados y ya fueron derrotados definitivamente despues de la actuacion de los más pequeñajos, asistidos por sus fieles escuderos (algo más mayores) cuando atacaron con el tema, "Busca lo mas vital" (El libro de la selva).
Al mando de todos los grupos el capitán José Ramón salieron victoriosos de la batalla empleando las armas más efectivas en estas lides, sus voces, tesón, trabajo y algo de sacrificio.
No hubo heridos en la campaña, alguna que otra lágrima de emoción de los abuelos, madres y algún que otro padre que se resistía, pero que cayó rendido al ver a los pequeñajos en el escenario, más de un prisionero hicieron para la próxima convocatoria, ¿bajas? los medios de divulgación por el poco eco de estas iniciativas de estos pueblos de la provincia.

Todos los grupos atacaron al unísono en el final, victoriosos recogieron su botín, un botín lleno de satisfacción, aplausos y orgullo personal, algo grande para todos ellos y que creo más adictivo y gratificante que lo cotidiano y que deja mejor sabor de boca, por lo que creo que volverán a conquistar de nuevo otros escenarios.

Protagonistas, ellos, un total de unas 150 personas de diferentes generaciones.

Lider e indiscutible, su capitan José Ramón, profesor de música y director.

Enhorabuena y disculpar por las imágenes y sonido.


Esca

Esta historia no es tan lejana en el tiempo, ha llegado hasta nuestros días por trasmisión oral, como tantas otras, pero a diferencia de tantas otras, el recuerdo de quien lo cuenta esta muy reciente. 
Sucedió a finales del siglo XIX, en aquel tiempo, esa casa se repartió entre los herederos y como era costumbre, una parte de los herederos se quedaban con la casa y la otra parte con los enseres. Estos no se quedarían en el pueblo, sino que se los llevarían a Torrecilla del Pinar, pueblo vecino, distante unos pocos kilómetros, por supuesto, el medio de transporte de esos tiempos era un carro, en este caso, tirado por dos bueyes.
Una vez metidos debajo de la portada de la casa, se comenzó a cargar el carro, el armario, la cama, la cómoda, las mesas, todo archiperre que podían llevarse, pues era su parte de la herencia. Una cosa dejaron para cargar al final, ese cristo que nadie conocía su procedencia, pues siempre lo vieron en esa casa, y colocándolo sobre alguna manta para que no se golpeara, se dispusieron a salir de la portada, pero los bueyes no daban un paso adelante ni alentándolos con la vara de roble. !Que no se movían! 


Dos hermosos bueyes, ¿pero que pasa? (desconcierto) y después de trastear con la carga para aquí y para allá, no era exceso de peso ¡cuantas veces salieron airosos de cargas mayores! y con terrenos mucho peores, pero bueno.... descargando parte de la carga, entre las que se encontraba el cristo, el carro salió, como si tal cosa, por la puerta carretera y esperando en la calle se dispusieron a cargar los demás enseres, tampoco pudieron salir del lugar. El cristo no salió de esa casa, y el hecho corrió de boca en boca por los pueblos del alrededor como cosa ¿extraordinaria? o ¿milagrosa?, vaya usted a saber. 
El caso es que se presentó, años después, alguien, un capataz para más señas, que retó el hecho y cogiendo el cristo de esa casa lo paseó por el pueblo, ridiculizando la imagen que portaba y publicando por las esquinas su valentía. Cara le salió su osadía, las noticias que le llegaron, aun en el pueblo, le decían que parte de su familia moría, ensalzando más aun la figura del cristo.
Años mas tarde, una señora sacó ese cristo de ese hogar habitado solamente por la imagen desde aquellos días lejanos ya en el tiempo. Respetuosamente, le hizo una pequeña procesión con cánticos y rezos y lo devolvió a su morada sin que nada pasara y allí se encuentra actualmente, en la Casa del Cristo, en la Calle del Cristo, en el pueblo de Cozuelos de Fuentidueña.







¿Alguien a través de estas fotos puede ponerle datos?



Cuando esa adolescente llega cada año por estas fechas y nos llena los sentidos de fragancias, coloridos imposibles, sonidos de pájaros anunciando nuevas vidas que alegrarán ese campo tan dormido estos últimos meses, me llegan recuerdos, recuerdos de tardes de juego por esa moqueta de verde hierba que como adolescente que es, salpicada de montones de salpullido de margaritas, pamplinas y demás florecillas, pequeñas ellas, pero grandes decoradoras de prados, eras y campos. En esas nos encontrábamos hasta llegar el día dos de Mayo, cuando nada más salir de la escuela los chavales recorríamos los prados y recogíamos campanillas, espadañas y alguna que otra florecilla más para con ellas, haciendo ramilletes, decorar esa misma tarde la cruz que se encontraba en la escuela. Por supuesto en aquellos tiempos, chicos por un lado y chicas por otro, la cruz decorada de primavera dormía esa noche en la escuela esperando el gran día, por la mañana allí estábamos todos en la escuela, pero ese era un día muy diferente, recogíamos la cruz y por el pueblo, de casa en casa, la mostrábamos y pedíamos unas propinas con esta cantinela:

Con muchísimo contento
a su casa hemos llegado
a darle los buenos días
el día de la Cruz de Mayo.

Día de la Cruz de Mayo,
día de mucha alegría
para ustedes y nosotros
que estamos en compañía.

A Jesús hoy le pedimos
que nos de su bendición
a ver si el año que viene
nos puede dar un jamón.

Y si no puede ser eso
esperemos que nos de
unas cuantas pesetillas
para poderlo pasar bien.

Y entonces la señora desde la puerta de su casa y después de escucharnos nos daba la propina y rematábamos la cantinela según las pesetillas que nos diera:

Esta casa es un palacio
la señora es una reina
que nos ha dado limosna
a los niños de la escuela.

Y esta es la variante, dependiendo claro está, de las perrillas y del humor de la buena señora:

Esta casa es una cuadra
la señora es una guarra
que no nos ha dado limosna
a los niños de la escuela.


En mi pueblo, Cozuelos de Fuentidueña, este rito, oda o exaltación a la primavera por primaverales chavales se repitió, tal vez, durante siglos. En el curso de 1986 cuatro niños, los únicos de ese curso, hicieron un guiño a esa tradición fue el último, las escuelas se cerraron, tal vez para siempre.


El pueblo lo recorríamos en un plis plas, pequeño que es y lo poco que nos gustaba cantar, no nos entreteníamos si no surgía. -Si no cantáis, no os doy la propina- pues venga, vale.
Con el dinero recolectado comprabamos en las tiendas galletas, bizcochos, chocolate o cosas así y de nuevo en el centro de operaciones, la escuela, nos lo repartiamos y junto a un cacho de pan, algo de chorizo y el huevo cocido que recogiamos en casa, nos íbamos al campo a rodar el huevo que antes lo pintabamos de mil colores para no desentonar con la primavera. Los pequeños al Prao de los Niños que estaba cerca del pueblo, como a 1 Km, los mayores, con su parte del reparto, algo más lejos, a Santa Olalla, a unos 4 Km y allí, debajo la Peña la Patada se merendaba. De más pequeños se soñaba ir con los mayores algun día, eso si era aventura, era ser ya mayor, ahora de mayor, sueño con el Prao de los Niños y con esa primavera de edad, dicen que vuelve de nuevo, que el ciclo se repite, "que cosas tiene la vida".


Aun recuerdo mis pequeñas temporadas que pasaba en el pueblo de Fuentesauco de Fuentidueña con mi abuela y mi abuelo. Vivían en una parte alta del pueblo, desde allí se divisaban todos los tejados del pueblo, pero sugerente y altiva entre todos emergía la torre de la iglesia en el centro del pueblo.
Los aromas de la mañana fresca al levantarme y asomarme al pueblo se mezclaban con el roble recién cortado y traído del monte, la tierra húmeda por el rocío de la mañana y el humo de esas cocinas y glorias que empezaban a caldear las casas, inundaba los tejados con una ligera bruma, pero lo mas entrañable era oír el latir del pueblo, esas campanas llamando a misa de mañana, el toque del Ángelus a las doce en punto o ese toque entrecortado, lánguido y respetuoso, como al compás de los últimos suspiros del que iban a honrar camino al cementerio. Ya en mi pueblo, los latidos nos anunciaban la función del pueblo mientras nos poníamos guapos, los latidos se aceleraban por momentos, la misa, la procesión con los dulzaineros, los danzantes, la comida en familia, el baile, las peñas. En otras ocasiones, las menos, el latir era presuroso, desencajado, como llamando a voz en grito ¡fuego fuego tenéis fuego!, una vivienda del pueblo se quemaba, no hubo ningún muerto pero que triste quedarse sin hogar, los latidos no dejaron de sonar mientras no se apago. En mi pueblo esas campanas nos hicieron latir generación tras generación desde el siglo XVII, un día se las llevaron, allá por los años setenta, dejándonos en su lugar unas de chapa, cruel destino el que dijeron, la fundición.
Yo espero que estén colocadas en otro lugar y que sigan latiendo los de ese lugar como latieron con ellas en mi pueblo Cozuelos de Fuentidueña.


Detalle de una campana de las que oyeron muchas generaciones atrás y entre otras cosas anunciarían en estos últimos siglos misas, bodas, bautizos, incendios, fiestas y acompañarían lastimosamente en su ultimo recorrido al difunto al cementerio.

Preciosa espadaña la de Duruelo.

Espléndida la espadaña de Urueñas.

Este es el campanario de Vegafría.

Curiosa la posición de la torre en la iglesia de Navares de Ayuso.

Cozuelos de Fuentidueña, puerta de entrada a la torre, tan angosta que solo permite la subida o bajada de una persona al mismo tiempo.

El techo de la escalera es un reflejo de los pasos de subida, es una espiral que subirá hasta el primer cuerpo de la torre, este tramo es totalmente macizo, desde los pies de la torre, exceptuando el tramo de escalera que comienza a media altura, en el coro.

El tramo donde desemboca la escalera es hueco de torre donde un poco mas arriba se alojan en las arcadas las campanas

Elemento tradicional por necesidad años atrás fueron los lavaderos, unos cerrados como el fenomenal edificio de Sebúlcor, otros con solo paredes como el de Navalilla y otros, los más, a la intemperie. Empezarían en el arroyo pero con el tiempo se fueron adecentando para un mejor bienestar. Tuvo que ser muy duro, la colada en aquellos momentos era de familia numerosa en su mayoría, los peques no llevaban dodotis como en la actualidad y fuera invierno o verano la colada había que hacerla. Nuestras madres aprovechaban cualquier momento del día para esa tarea, coger la carretilla, la tabla y los baldes con la ropa sucia y al lavadero, unos más cerca del pueblo, otros mas lejos, pero claro el agua era el que mandaba. El agua corriente (que se llama por aquí) llegó a sus casas por los años 70 más o menos ¡Que lujo dios mio! ¡EXPERIENCIA INOLVIDABLE! Cuando vieran el agua en sus casas salir por un grifo a su antojo, siguieron lavando a mano pero en casa, con ese jabón que hacían con la grasa ya desechada y sosa ¡Que arte, las necesidades hacían maravillas! El caso es que dejó de irse poco a poco al lavadero y me pregunto: pero.. ¿dejó de irse por la lavadora? o ¿ por que el programa "EL TOMATE", que ya le echaban en televisión? No se, pero ese guirigai que oían los que por allí se atrevían a pasar dejó paso al abandono de los lavaderos para esos usos, liberando a la mujer de un trabajo muy duro que les honra.

EN HOMENAJE A ELLAS


V -Ay María de lo que me enterao.-
M -Cuenta Vicenta, cuenta.-
V -Pues ¿te acuerdas de Carmen? la chica del Abundio, que se fue a
Madrid? pues que se ha metido de eso.-
M -¿De que eso?-
V -Ay María pareces tonta, ¿de que va ser?.-
M -¿Pero que me dices? ¡anda con la mosquita muerta, parecía que no se le movía la ropa!-
V -Bueno, pero no se lo cuentes a nadie, que ya sabes las malas lenguas, yo voy a aclarar estos cuatro trapos que me quedan y a casa, que he dejao al pequeño en la cama.-
M -Parece que viene la Teófila, oigo su carretilla por la cuesta.-
V -Joder María, conoces hasta las carretillas de todas, claro, no sales del lavadero ¿Pero si solo sois dos en casa y todo el día aquí?-
T -Buenos días ¿que tal agua tenemos esta mañana? Ayer estaba fría, pero hoy parece que ha mejorao.-
V -Bueno yo ya he terminao, echo el balde a la carretilla y adiós, mañana nos veremos.-
T -¿Y que te cuentas María? Hace mucho que no te veo.-
M -Pues ya sabes, lo de siempre ¡ahora que no nos oye ya la Vicenta, ¿sabes lo de la chica de Abundio?.....


Lavadero de Sebúlcor

Lavadero de Villafranca del Condado
Lavadero de Valbis cubierto y recientemente restaurado, Cozuelos de Fuentidueña
Uno de los lavaderos de Urueñas

Este es el lavadero de Navalilla

Interior del lavadero de Navalilla, su abandono beneficia a las ranas y demás bichos y a la flora acuática

Esta mañana de domingo, al verlas, me vienen recuerdos de la juventud. !Esa que es única e intransferible!, !esa! Recorrer en el verano esos pueblos en bici. Lo primero que hacíamos al llegar al pueblo era parar a la sombra de la olma, trago largo de la fuente próxima y a descansar sentados en los polletes de piedra. Debajo de su copa siempre había chicos enredando y abueletes apoyados sobre sus cayadas contándose mil historias repetidas ya tantas veces. Los chicos con las bicicletas, dando vueltas a la olma bajo la sombra de su inmensa copa, donde montones de pájaros armaban un jolgorio que se unía al mismo ritmo que el griterío de los chavales. Frondosas, verdes como la primavera, llenas de vida a pesar de tener tantos años.... ¿quien las plantaría? No era cualquier árbol, era la olma, se las respetaba, estaban como unidas a ti desde pequeño, termómetro y emblema del pueblo, música de Castilla al azotarlas el viento, dormitorio de mil pájaros y de algún que otro pobre entre su tronco hueco. Hoy las he visto desnudas, frías, inertes, sin sus polletes de piedra, tapadas algunas como sus vergüenzas, con un vestido verde prestado. Recuerdo fiestas de camisa blanca sentados bajo ella, saboreando un pirulí comprado en el puesto del tío Merenge de Hontalbilla, en la primera visita le dejábamos toda la propina luego "a correr" que se decía.
Dicen que las mató la grafiosis, para mí que se murieron de pena viendo a sus pueblos caer en la despoblación y en el olvido.


                                                                    Olma de Frumales
                                         Olma de mi pueblo, Cozuelos de Fuentidueña
                                                             Olma de Adrados

                                    Olma de Fuentesauco de Fuentidueña
                                                            Olma de Perosillo

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