Aquella mañana, al llegar a la cuadra a atender a su ganado, su burro estaba de cuerpo presente. Esto es un decir, los burros dicen que no tienen alma, no se si por burros o por que no comulgan, el caso es que el burro estaba muerto y por estos lares, muerto el burro la cebada al rabo. Con la ayuda de unos vecinos lo llevaron al muladar, no sin esfuerzo, para que los buitres hicieran lo propio con el ,osease darse un festín, por que aunque viejo estaba gordito el jodio. Pero este señor tuvo la brillante idea de aprovecharse del difunto para intentar coger un buitre, sabe dios con que intenciones, abrió el burro por el vientre, saco todos sus metros y metros de tripas y demás órganos y pequeño él, se metió en esa cavidad maloliente y así, oculto, esperó a que los buitres llegaran a comerse el cadáver de su compañero de fatigas. Pasó más de una hora hasta que vio aproximarse a los comensales. En el mundo de los buitres hay jerarquías a la hora de empezar a comer y el primero que se aproximó fue un macho de muy buena talla y el tío Rosco, que así se llamaba el buen señor, le echó mano, sujetándolo tan fuerte como podía por las patas. El buitre, asustado y viéndose atrapado, empezó a aletear buscando cielo y libertad y el tío Rosco no soltaba ni pa tras y menos a esa cierta altura que le elevó semejante bicho. En estas pasaron las horas hasta hacerse la noche, cada cual con su desesperación, era ya cuestión de honor y de poder a poder, y dicen los de los pueblos cercanos, Sebúlcor, Valdesimonte, Consuegra, Sepúlveda, Urueñas, ... que en el cielo se veían unas siluetas con la luz de la luna y se oían unos lamentos que decían:
“Estrellitas del alba, lucero del amanecer,
el tío Rosco del Villar esta noche la va a joder”.
Gracias a Félix de Frutos por contármelo.
Esa tarde, ya calurosa de primavera, el buen mozo, cogiendo el azadón, y las alforjas colgándoselas sobre el hombro, montó en su bici y se encaminó a las viñas, a unos 3 Km del pueblo y linderas con las de su vecino pueblo. Era momento de cavarlas y nutrir esas arenas para luego tener buena cosecha de uva para hacer ese vino de pijacha que contentaba las tardes del aburrido invierno y acompañaba comidas y meriendas, entre amigos, en la bodega. El camino se le hacía pesado, malditas las ganas que tenía, pero el genio del padre obligaba, refunfuñando y a trompicones llegó a las viñas y ni largo ni vivo, sino todo lo contrario, corto y perezoso, allí mismo, bajo la sombra de ese pino, continuó la siesta de la que su padre le levantó hacía un rato, y así hasta que se puso el sol y a casa. La tarde siguiente más de lo mismo y las demás pues más de lo mismo. Tenía engañados a todos, pero su padre, espabilao él, se dio cuenta de que todos los días traía la botella del vino entera -"!Poco reseco pasa este año el mozo, algo pasa!"- Ya sabéis, se sabe más por viejo que por pellejo y, no estando el chaval, se fue por la viña y claro viendo que nada estaba cavado.... -"¡la que le espera con el cinturón esta noche, que se vaya preparando!"-. -"Bueno Juan, hoy me pasé por las viñas y, después de cuatro tardes que llevas, eso sigue igual que el año pasado, te vas a enterar tu de lo que es bueno"- (poniéndose en pie para soltarse el cinturón) y el zagal, vivo como un gitano, -"pero padre si ya tenía todo cavado, a ver si nos han robado lo cavao los del pueblo vecino"-.
Desde entonces a los del pueblo de al lado se les nombra a veces por "los que roban lo cavao".
Os dejo aquí este enlace www.losquerobanlocavao.es
