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Historias, leyendas y paseos por lugares de la provincia de Segovia.

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En esta ocasión me acerqué a un rincón de nuestra tierra segoviana, a un valle que lleva nombre de pueblo ¿o es el pueblo el que lleva el nombre del valle?
El valle de Tabladillo no se encuentra, se descubre por una pequeña carretera, según nos adentramos en él nos encierra entre sus paredes pétreas, refugio de buitres que toman el sol a primeras horas de la mañana sin perder de vista por estas fechas de invierno a los futuros navegantes del cielo segoviano que esperan en los nidos, aun prisioneros de su cárcel  blanca. Cincuenta y cinco días, aproximadamente, les incubarán desde su puesta en enero, para, a finales de verano, sentir el placer que envidiamos algunos de los humanos, volar como solo los buitres lo saben hacer, dominio total del medio.
Nos da la bienvenida el emblema del lugar, el pingocho de San juan, que lleva el nombre de un antiguo despoblado que en las cercanias se encontraba, del cual apenas quedan en pie unas ruinas de su ermita, no muy lejos de este lugar otro despoblado, Pajares, que se encontraba en el alto.


Al valle desembocan barrancos de entrañas blancas que extrajeron sus habitantes no sin mucho esfuerzo y que enlucieron palacios como el de la Granja de San Ildefonso y casas más humildes y no por ello menos honradas, por sus laderas pugnan la cumbre los atrevidos almendros en silencio, solo roto en primavera por algunos pajarillos y algún macho de perdiz reclamando un poco de amor entre tan árida y seca orografía vigilados por los pequeños  ventanucos de antiguas tenadas,palomares y colmenares que se cuelgan de cualquier oquedad o saliente en la roca para no caerse ladera abajo y que parecen mirarnos a nuestro paso. 
Por el valle discurre un arroyo que nace en el Barranco del Fraile, en un lugar llamado Valdesuso, el Arroyo del Valle que llaman los lugareños, que recorre todo el valle para encontrarse con el Duratón apenas unos kilómetros más abajo, no sin antes mover las ruedas de dos molinos en un pasado ya lejano y dar la vida a sus huertas, nogales y a esos árboles frutales y de ciruelas claudias tan conocidas en toda esta zona.
El nombre de Tabladillo tiene su origen en esos huertos, se les llamaba Tabula (medida de extensión), se empleaba antiguamente, era un pedazo de heredad que se siembra, su origen es romano y la procedencia del vocablo bien podía ser gallega o asturiana, probablemente el lugar de los colonos que se asentaron en estas tierras en tiempos de la reconquista.


Valle de Tabladillo es un pueblo escondido en un valle, es una pequeña porción del norte de nuestra Península Íberica enclavado en tierras castellanas, en mis visitas siempre me lo pareció y más en algún día de niebla o lloviendo, esas casas hechas de adobe, de delicada labra en sus dinteles de piedra, escalan las laderas, sus galerías que aun quedan en pie lo testimonian, las casas de nueva construcción se siguen haciendo con galerías, es de agradecer que no se pierda su identidad.
Continuando la carretera nos encontraremos con el Barrio de Arriba y el Buqueron, con los restos de su ermita de San Cristóbal y un buen paseo por el Cañon del Fraile que nos lleva hasta el pueblo de Castroserracin.


El valle de Tabladillo es otro de los bellos rincones desconocidos que se encuentran en nuestra tierra segoviana, un lugar lleno de encanto, de sabor a lo tradicional, de olor a aromáticas, de silencio compartido con almendros y centenarios nogales, de imágenes recogidas por nuestra retina que no se olvidarán tan fácilmente.

Para ver algo más 
http://www.conocetucomarca.com/2011/02/entre-dos-pueblo-el-canon-del-fraile.html


Continuando mi andadura por el valle del río Piron y su afluente, el río Viejo, bajo de la Torca y sigo caminando río arriba por el valle del río Viejo, me sigue acompañando mi amiga la Dama Soledad, tan silenciosa como siempre, diría que es tan silenciosa como el olor de una rosa, pero me hace compañía en estos parajes tan solitarios, ya a lo lejos veo El Rincón de Máximo, no es simplemente un lugar algo diferente a las demás laderas que se encuentran en su alrededores, que lo es, es inconfundible el lugar entre tanto secarral, los almendros delatan el esfuerzo de Máximo por crear en esas laderas tan áridas un vergel, que lo fue, según me contaron los más viejos a los que más tarde pregunté, según me dijeron hasta un estanque tenía lleno de peces de colores, pero el tiempo y la falta de atenciones y cuidados, después de su marcha, pasan factura.
Paseo por esos senderos respetuosamente, entre esos almendros, y alguna que otra zona más verde cerca de una fuente, no muy lejos de allí, donde algún frutal y los nogales crecen con lentitud, me adentro en las ruinas, creo que aun queda impregnado en cada rincón de ese lugar el espíritu del señor Maximo que allá por los años cincuenta se retiró a ese lugar a habitar en una pequeña cueva que poco a poco habilitó para vivir, cientos de preguntas me machacan sobre su historia. 
¿Por qué elegiría una vida así? También, a buen seguro, tendría una amiga llamada Soledad con quien charlar para nunca encontrar respuesta alguna.



Y con mis pensamientos, bajo esa ladera en busca del silencioso aún, río Viejo, vuelvo a andar lo andado, es un paseo agradable, dejo atrás la Torca, la cueva del Moro, y llego de nuevo al río Piron esta vez por el otro margen, bordeando el Cerro de la Sota, un asentamiento prerromano defendido por un foso escavado en la roca, junto al cual se encuentra un fresno impresionante. Me dirijo de nuevo hacia Covatillas, a veces, por el margen del río, admirando esos vetustos y arrugados árboles, y otras por el camino entre las encinas, me acerco a las ruinas del palomar que veo en la ladera, echo una mirada al interior, me impresiona su arquitectura, sus nidales, ahora vacíos, dan cierta nostalgia, los tiempos cambian, pero... ¿a mejor?


Sigo un camino entre encinas y al lado del río que llevará a las ruinas del molino, su imagen no me deja indiferente, las paredes exteriores derrumbadas dejan ver sus entrañas, su maquinaria inerte, sorda, ya no muelen pan desde hace muchos años, ¡cuanto ingenio derrochado! y nos creemos en la actualidad que inventamos algo sobre la energía limpia... ¿estará todo escrito?
De vuelta al lugar de inicio de mi excursión, estos lugares me dan que pensar en el devenir la historia de Covatillas y la atracción que ejerció para el hombre desde los principios de la historia, en ella se asentaron las gentes del neolítico hace ya seis mil años en la cueva de la Vaquera, siguieron poblando este paraje en la edad del bronce, más tarde los hombres de la cultura del hierro en el Cerro de la Sota y el Cerro de Castrejón, ¿llegaron los romanos a este lugar? Creo que también, ya en nuestra era, por el siglo XIV, se construyó el puente tan magnifico que uniría la zona del nordeste segoviano con la capital y daría vida en ese siglo al lugar, le seguirían en el tiempo el molino, el palomar y, poco más tarde, el abandono, ¡que extraño es el humano! Redecoran con los mismos muebles y les cambian de lugar una y otra vez en busca de que se yo qué, la naturaleza, en cambio, sigue sus pautas, su creación, poco a poco, siglo a siglo, milenio a milenio, no tiene prisa por nada, sabe bien que es la única que perdurará en este, como en cualquier otro lugar, brindándonos estos bellos rincones y todo a cambio de un poco de respeto.


Para ver mas
http://www.conocetucomarca.com/2009/06/como-desde-siempre-penarubias.html
http://www.conocetucomarca.com/2009/07/navegando-por-el-rio-piron-romeria-de.html
http://www.conocetucomarca.com/2012/01/covatillas-un-lugar-de-historia-y.html

Hace unos días, el Señor Otoño nos regaló una de esas mañanas de un cielo tan azul como los de los ojos de la princesa de nuestros sueños, aproveché para hacer  una visita al río Pirón, a un paraje llamado Covatillas. Yo llego a él pasando por el pueblo de Torrreiglesias donde siempre dejo una mirada de admiración al pasar junto a su preciosa iglesia románica de Nuestra Señora de la Asunción, sus metopas de geometrías imposibles son un alarde de un buen hacer y si mucho no me equivoco por unas manos mozárabes.
Cruzando el pueblo con dirección al frontón de pelota y entre la ermita del Humilladero y una nueva edificación, sale un camino de buen firme, entre tierras de labor, que nos llevará a Covatillas, que está a unos cuatro kilómetros de distancia.


Las tierras de cereal se acaban bruscamente, un muro verde aparece ante nosotros, allí mismo debemos romper con lo cotidiano y dejarnos llevar, camino abajo, simplemente por nuestros sentidos.
Aunque  la mañana es preciosa está aun todo helado a mi paso, la noche ha sido fría, fría, se alivia un poco el frío con el abrazo caluroso que me dan las encinas por el camino, que me acogen como a un nieto acogen sus abuelos. Siempre cuesta abajo y poquito a poco, según me acerco al valle mis pasos me sumergen en una  historia pasada, creo que algo más esplendorosa que la actual para estos lugares.


Un camino, seguro que lleno de cientos de historias de viajeros, de astutos mercaderes de bolsa repleta y bien guardada, de recelosos ganaderos trasladando sus ganados al mercado, jinetes de briosos corceles, de diligencias con su preciada carga de señoritas de buen ver y adinerados educados caballeros y que a veces se confunden con los que van primeros, y un buen camino que se precie de serlo no puede serlo sin tener un buen bandolero, el Tuerto del Pirón, temible bandolero por estas tierras, cuya reputación se ganó a pulso a mediados del siglo diecinueve:

Mucho ojo con el Tuerto, / que el que le sigue la pista, / fijo que termina muerto, / que es tuerto de doble vista (…). Tened ojo con el Tuerto, / que es ladrón que nunca avisa, / capaz de robar al cura / el copón diciendo misa (…) Mientras existan tocones, / le van a coger al Tuerto… / ¡Por los cojones!”.

Imagen tomada desde la cueva de la Vaquera, al fondo la ermita rupestre de Santiguito, dice la coplilla: Los moros de Losana/ quien lo creyera/que cambiaron el santo/por la pradera

Covatillas es un despoblado del que solo quedan las ruinas de  una casona con sus establos, unas tenadas y un palomar, no por ello deja de ser un lugar sugerente, atractivo y cargado de historias, continuo mi camino hasta llegar al puente que se encuentra a unos pasos detrás de la tenada.


Cruzando el puente, que en ocasiones es un puente a la fantasía, no se puede evitar una mirada al río, el pequeño Pirón, a pocos pasos, a mano izquierda, entre nogales, encontramos la fuente de Covatillas, un rincón evocador, precioso y preciso momento en el que llego, un velo de aliento de la noche aun tamiza la fuente que con una brisa oportuna se despeja y deja ver los leones que vomitan vida allá por donde pase, el sol, gran alquimista, aparece por encima de la ladera convirtiendo los prados, brillantes como la plata, en verde color esperanza, y deja pequeños brillantes colgados donde se guardan todos los colores del arcoíris, noto que alguien me mira al alejarme, vuelvo la mirada a la fuente pero no veo a nadie, a veces la mente nos la juega pero juraría que alguien me miraba. Dicen que estos parajes están habitados por seres fantásticos pero que no conviven con los humanos adultos, pero perjuraría que cuando he mirado atrás he visto chapotear en la fuente a un ser precioso, creo que les llamaban los muy antiguos Xanas.

Con un pequeño murmullo recorre el pequeño río Pirón este lugar

Continuo mi caminar río arriba hasta llegar a la ermita de Santiaguito, un caminar tranquilo y respetuoso, encerrado un poco en ese paisaje donde el silencio solo se rompe en contadas ocasiones con el rumor del agua al abrirse paso entre los guijarros del cauce, ¡y esos árboles! huecos, viejos, rugosos, que vemos como guardianes a lo largo del cauce del Pirón, dicen que en sus huecos carcomidos por el tiempo se esconden otros seres, las Dríades, aun tan bellas como las Xanas que creí ver en la fuente.
Y dicen también que por la noche, estas rocas que encuentro a mi paso, se transforman en trolls, que guardan y protegen al pequeño río Pirón y llegando el día vuelven a ser rocas, por eso no parecen estar siempre en el mismo lugar y creo que hasta un ruido que he oído sería algún ronquido, ¡dulces sueños!.
Desde Santiaguito busco el paso donde vadear el río y llegar a la cueva de la Vaquera o Fuentedura, hace años que me adentré en sus oscuras galerías y sentí las frías aguas subterráneas de una de sus galerías. La cueva de la Vaquera fue cuna de nuestros antepasados y también su descanso, casi eterno, pues siglos atrás una crecida de aguas subterráneas alteró un poco su descanso eterno, esparciendo sus restos por casi  toda la cueva, después llegaron en nuestro siglo algunas intervenciones arqueológicas.
Muy cerca de allí desemboca en el río Pirón el río Viejo, por un puente de madera cruzo y sigo mi caminar barranco arriba, pretendo llegar a la torca y tal vez hasta el lugar que llaman el rincón de Máximo. Me acompaña en mi caminar mi amiga la Dama Soledad, es de pocas palabras pero da mucho que pensar con su silencio eterno, me asombra siempre la naturaleza con su perfecto equilibrio que consigue con su continua contradicción desde que el planeta existe, en la humanidad seria interesante encontrar nuestro polo opuesto mas que recurrir a la complicidad, esto lo dejo ahí por si alguien me entiende, cosa que no consigo ni yo mismo algunas veces.
A veces, con nuestros pasos despertamos su curiosidad y abren sus grandes ojos las criaturas fantásticas, para después cerrarlos y volver a soñar, ¡bah, un humano!

El río Viejo guarda aun silencio, no quiere despertar al pequeño moro que duerme en su lecho eternamente

Es un rato de paseo este del Rio viejo, pero es agradable y suave, dejo atrás la cueva de los Pedrones, lleva su nombre, pues ahí se refugiaba la banda los Pedrones, unos malvados que atemorizaban a los habitantes de los pueblos de los alrededores, la Cueva el Moro, dentro de ella se encuentra la Cuna del Moro, y en el otro margen otra cueva, la de los Murcielaguillos, protegida con una verja.
La Torca está en la ladera, casi en todo lo alto, es curiosa nuestra naturaleza, hasta extraña a veces, pero siempre sorprendente.
Un rato más de paseo por el valle del río Viejo y llegamos al Rincón de Máximo, (pero eso lo dejamos para otra ocasión) desde donde volveremos a nuestro lugar de partida, no sin antes hacer un recorrido por la pequeña historia del Rincón de Máximo.

La tierra abre sus fauces, algún esqueleto queda de su ultima merienda, pero no temáis hasta que las cierre de nuevo, todavía tenemos otra oportunidad para respetarla


Preparando la ruta y la intendencia la noche anterior a la romería de San Frutos. Unas sopas de ajo y unos vinos entre charla y charla nos dan ánimos.


Salimos de Sebúlcor, nueve y cuarto de la mañana, día plomizo y amenaza de lluvia, este año la romería es en martes y eso se nota, algo menos gente que en años pasados, tenemos por delante unos once kilómetros hasta el destino. ¡Que el tiempo nos acompañe! Las ganas ya las ponemos nosotros.


Esto es Valdearenas, ni que decir tiene el porque de su nombre, el caminar por arenales nos hace ya entrar en calor, llegamos a este lugar después de andar un buen tramo por el camino de La Lastra, el cual dejamos para adentrarnos por senderos entre pinares buscando el río.



Estamos ya junto al río Duratón, en la ermita de la Calleja, donde un mosaico de hojas caídas relajan un poco nuestras piernas, es la parte del recorrido más ameno, entramos en lo mas íntimo de las Hoces del Duratón. Remontaremos el cañón río arriba, el agua del pantano está muy baja, lo que nos permite andar por el cauce seco para poder disfrutar de la magia que encierra este paraje, solo transitable en estas fechas.



Cruzando al otro lado del río. Por el lado que traíamos a pocos metros el agua no nos deja pasar, pero eso ya lo sabemos de otros años, este pedazo de árbol caído aguantará como puente unas cuantas temporadas.


Cueva Rota de Villaseca, hace ya años que entramos en ella, para mi de las más grandes del cañón, con sus tres salas, daría cobijo a antepasados, a saber que historias del pasado esconderá entre sus oscuros recovecos.


 Solo las miradas de los buitres, apostados en sus dormideros, y algún que otro pato asustadizo, son testigos de nuestros pasos entre este espectáculo de la naturaleza. ¡Joder, que grande eres Madre Tierra!




Y entre tanta belleza el hombre pretendió formar parte de ella, a veces lo consigue, pero la naturaleza le pide cuentas y vuelve a apropiarse de lo que fue suyo, sin prisas, un desprendimiento tras otro, una brizna de hierba hoy, mañana una zarza, pasado un árbol, poquito a poco se apropia de lo que un día fue suyo.


Subiendo por una botadera llamada "el Portillo de Sepúlveda", antigua senda de los frailes, abandonamos la ribera del Duratón. Como escenario único, el Convento de la Hoz y bajo un saliente de las peñas, a refugio del viento, alimentamos nuestro cuerpo con jamón, chorizo, filetes empanados y fruta, regado con el vino de la bota, también alimentamos nuestro espíritu con tan espectacular vista del convento a nuestros pies.
Y de nuevo emprendimos camino, pero ya sin sendas, esa zona es la más dura, si asentar un pie sin una piedra debajo ya es difícil, los dos imposible, y aun quedan un par de kilómetros de subidas y bajadas, de barrancos rompepiernas. Ya, a lo lejos, divisábamos nuestro destino.


Llegamos sobre la una menos cuarto, algo cansados pero satisfechos, otros ya lo hicieron muchos años antes que nosotros y nos dejaron el testigo, un testigo que cogimos con mucho orgullo, el orgullo que nos da nuestra tierra, y como emblema San Frutos, ese paraje sobrio en otoño, de verde esperanza en primavera, con veranos áridos como un desierto y que en ocasiones en invierno se viste con la pureza de un vestido de novia, camaleónico paisaje que no deja indiferente a nadie y que cada veinticinco de Octubre se impregna con el espíritu de los que allí nos reunimos haciendo que esa tradición no se pierda. Es un legado que nos dejaron nuestros antepasados, ellos ya hicieron historia en ese lugar, nosotros, como tantos otros, aun la estamos haciendo en la actualidad y pasaremos a ella como tantas generaciones atrás. 


¡VIVA SAN FRUTOS PAJARERO! 
Algo mas sobre el tema
http://www.conocetucomarca.com/2009/10/romeria-san-frutos-esta-es-mi-tierra-y.html
http://www.conocetucomarca.com/2008/01/sobre-las-mojadas-de-caballar.html
http://www.conocetucomarca.com/2008/11/san-frutos-del-duratn.html

El río San Juan es un pequeño arroyo aunque se tiene bien ganado su nombre de río, después de abastecer de agua con sus manantiales a los pueblos de Cantalejo y Fuenterrebollo desemboca sus aguas al Duratón, para mi su primo hermano, algo más mayor y algo más viejo, pero al fin y al cabo familiares. No por todo su cauce tiene agua, nace en el pueblo de Prádena y sus aguas aparecen y desaparecen en su recorrido.

Pero mi excursión por este río tan peculiar y tan cercano a las gentes de los pueblos que siempre le nombran con cariño, empieza desde el despoblado de San Miguel de Neguera, junto al puente que hace siglos era lugar de paso casi único para vadear las hoces del Duratón y las del San Juan, de ahí la importancia de este valle, y como en el Juego de la Oca, o de la vida misma, “de puente a puente por que me lleva la corriente”. Cruzo el puente como puedo para estar en la otra orilla y coger un camino entre enebros, como puedo, digo, pues ya se derrumbó hace años y los pastores lo tenían apañao que se dice, pero cuando desaparecen las gentes del campo viene el abandono.
De puente a puente y tiro por que me lleva la corriente. Como veis este puente está impracticable, siguiendo la carretera con dirección al cruce de Villaseca y El Villar de Sobrepeña y nada más pasar el pequeño puente moderno del San Juan sale un camino a la derecha, ya estarás en ruta.

Creo que casi siempre luchamos contra corriente, en este caso no va a ser diferente vamos río arriba, el camino es suave, sin grandes esfuerzos, un paseo muy agradable a los sentidos, los aromas nos embriagarán al pisar las aromáticas que por allí crecen, los cantos de los pájaros, algún corzo que otro sale de estampida al vernos, suelen bajar por las noches a beber agua y pastar por su ribera hasta bien entrada la mañana.
Vistas del valle del río San Juan, cercándolo al frente los Morros del San Juan, asentamientos de pueblos celtibéricos, junto al camino que vemos, que es nuestra ruta, la necrópolis visigoda.

El camino bordea una necrópolis visigoda, cierto día, labrando este terreno, el arado desenterró algún esqueleto junto con sus ajuares, collares, anillos, fíbulas, que los hombres de los siglos V y VI enterraban junto a ellos para el camino al Más Allá, siguieron las excavaciones llevadas a cabo por Antonio Molinero Pérez allá por el año 1955.
Unos pocos metros más adelante nuestro caminar se encierra más cerca del río, más cerca de la rocas, y me siendo espiado furtivamente por cantidad de ojillos que en las rocas y en los árboles anidan y me miran como un intruso, no más. Con estas palabras escritas quisiera solo, pero creo que no lo consigo, dar sensaciones a mis pasos por estas veredas verdes, tranquilas, sosegadas y llenas de trinos de pájaros y ese rumor del agua que parece que nos dijera “óyeme, da la vuelta y sígueme”.
El río se encañona después de pasar la necrópolis, tendremos la oportunidad de ver en sus paredes buitres, grajillas, chovas y con suerte alimoches y alguna que otra sorpresa.

Pero estamos jugando al Juego de la Oca y poco a poco, desoyendo ese rumor y pasando junto a la fuente Casimiro, un buen lugar para almorzar, llego al otro puente, pequeño pero fuerte y robusto, en el juego este no podemos calificar por su imagen, puentes más grandes cayeron y pequeños ríos también se los llevaron con sus crecidas, pero la mala suerte del dado me lleva al puente del inicio, así que marcha atrás.
Me encuentro en lo que realmente se llama San Juan, lleva el nombre del antiguo despoblado del que no queda nada sobre esta ladera, apenas sus refugios de ovejas en lo alto.
Sobre esta ladera se encontraría el pueblo de San Juan, en su alto antiguos refugios de ovejas, merecen una visita.

Cruzando el puente que se encuentra junto a un desahuciado molino, cogemos el camino que nos sacará de esa encrucijada, donde los manantiales brotan bajo nuestros pies y darán abastecimiento a los pueblos de Cantalejo y Fuenterrebollo, cuyos depósitos vemos en lo alto y los de decantación, de Cantalejo, junto al camino.
Por fin llegamos al otro puente por el que cruzaremos.

Sigo caminando, no quiero andar por aquí y no pasar por este lugar sin visitarlo de nuevo, a un centenar de metros sale un nuevo barranco y dejo el camino, no se como se llama, tampoco me importa. Sobre la ladera de la otra orilla del riachuelo vemos otra de sus intimidades, un pequeño lienzo, tal vez restos de la antigua ermita de San Juan, no muy lejos de ese enclave la enigmática Cueva de las Siete Revueltas, que más que cueva es un agujero.
Nuestra siguientes visitas las encontraremos en el barranco que nos sale a nuestra izquierda,del que volveremos sobre nuestros pasos.

Sigo adentrándome por ese pequeño barranco continuando por el lecho vacío del arroyuelo para llegar a mi punto mágico, debajo de ese abrigo te sientes pequeño, pero a la vez crees estar dentro de un gran cuadro donde por momentos eres la figura central, como el Juego de la Oca y de la vida todo es una contradicción, mis paseos en solitario es lo que tienen, te comes el coco. Continuo por el barranco hasta encontrarme con un refugio de ovejas, solo le veo desde fuera, son recientes las cagurrias y puede haber pulgas. Sus restos de antiguos moradores de hace milenios los encuentro en un insignificante lecho de agua de tormentas que descarnó la tierra, sacando a la luz una más de sus intimidades donde los cursos de agua eran la vida para estos antiguos moradores.


Vuelvo sobre mis pasos hasta el camino en que dejé el dado, no me ha sido propicio, pero me da la oportunidad de seguir mi camino, en la vida no siempre tienes esa oportunidad.
Sigo el camino que se me brinda hacia una salida y busco como referencia el deposito que en lo alto me espera, salgo del camino y ladera arriba subo como puedo hasta lo más alto saliendo de la encrucijada, desde allí veremos la rivera del río y las tierras de cereal, nos encontramos en el otro margen del río por el cual lo recorreremos, pero desde otra mirada, son tierras colonizadas por pueblos celtíberos, no muy lejos otro despoblado aun en la memoria, Hontanares, pero de raíces celtiberas, sus restos así lo testimonian.

Os muestro restos de nuestro patrimonio aun por estudiar.

Mis pasos ya no son por caminos ni veredas, busco entre jóvenes pinos y encinas de repoblación el lugar de mi partida por estos cerros que se llaman los Morros del San Juan, todos ellos nos dejaron restos de un pasado glorioso, pero debemos bajar después de admirar por momentos el valle que a nuestros pies vemos y cogeremos ese camino que tarde o temprano todos cogemos, para bien o para mal, pero es nuestro destino, la sociedad lo juzgará.
Llegando a nuestro punto de partida por ese camino dejamos a nuestra derecha el antiguo arroyo ahora sin agua que desviado unos centenares de metros movía las ruedas del molino que en San Miguel de Neguera se encuentra en ruinas.
Estos son restos romanos (difícil de localizar si no se conoce) de la villa de Castillejos, es la llamada Cueva del Moro, pero más se parece a la cueva de un dragón, pues salió de allí este que os muestro.



A nuestra izquierda esa loma llena de enebros se llama Castillejos, lugar emblemático en nuestra historia, villa romana aun sin estudiar pero importante, lo delatan sus restos, la Cueva del Moro, estucos, terra sigilata, cimentaciones ocultas entre los enebros, creo que fue cantera fácil para los primeros colonos de San Miguel de Neguera.

Y aquí termina mi primera jugada en el Juego de la Oca, en la casilla de inicio, pero seguiré jugando, aun me quedan muchas intimidades del río San Juan por descubrir, espero tener mejor suerte. Os invito a pasear por estos lugares llenos de historia y por la nada desdeñable naturaleza que recorremos junto a nuestro familiar e íntimo río San Juan.

Mañanas, como tantas otras a lo largo de estos últimos años, me aventuro por nuestra comarca en busca de sabe dios qué, pero… bien prontito. Cuando el sol apenas despunta por nuestra sierra central y las tinieblas de la noche se refugian en las cuevas y recovecos de nuestras calizas, emprendo mis incursiones por nuestra tierra, esta tan desconocida, tan anónima, incluso para los que vivimos en ella, tan desierta, que pasas por los pueblos y no ves a un alma. Te reconforta a esas horas de la mañana esa luz segoviana tan azul y luminosa y esos gorriones trigueros en primavera, que en lo más alto de almendros, ciruelos y zarzas nos dan un recital de canto reclamando a alguna hembra. ¡Qué primaveras tan mágicas! Parece que renacemos después de estos inviernos tan crudos donde las heladas nos paralizan hasta el alma. Apenas en invierno ves vida: alguna perdiz, esa zorra olisqueando rastros, desquiciada ya porque lleva cinco días sin comer; pero lo que no dejas de ver son esas siluetas majestuosas en el cielo, buitres y más buitres buscando en un vuelo circular algún muladar donde darse un festín, porque eso es lo que parece por la cantidad de invitados (o no lo sean) que allí acuden. Las necesidades imperan y estos ya no buscan muladares, buscan granjas donde el infortunio del ganadero es, en ocasiones, fortuna de estos grandes señores de los cielos e inquilinos desde muchos siglos atrás de nuestras Hoces del Riaza, Hoces del Duratón y otras hoces más anónimas, desperdigadas por nuestro nordeste, que como arrugada piel caliza, surcan nuestra vieja tierra de Segovia; y no por ser anónimas dejan de ser espectaculares, el valle del Horcajo en Carrascal, la ribera del San Juan, la ribera del Caslilla…, todos ellos, lugares muy propicios para recorrer y percibir lo que nos rodea, entre sabinas, enebros, aromas de espliego, de tomillos, de decenas de plantas que a nuestro paso nos regalan, como queriéndonos dar su bienvenida. Va pasando la mañana, pero… si hay algo que me entusiasma cada mañana es el rato del almuerzo, pero no en cualquier sitio, el lugar más propicio es al lado de cualquier arroyuelo, donde a su vera, crecen esos chopos jóvenes de porte estirado y algunos no tan estirados, ni tan jóvenes. Lugar propicio para coger unos caracoles en temporada de ellos. Y allí, medio tumbado en esas pequeñas praderas, con el susurro del agua como coro y como tenores cualquier ruiseñor o jilguero que por ahí estén, es el rato más agradable de la mañana. Es bueno alimentar el espíritu con un concierto de estos pero también el cuerpo, pues se da siempre el caso, que no sabe nada mejor que un buen almuerzo en el campo, ¡qué lo sepáis! se da otro caso pero ese no se nombra. Sigo por esos caminos de dios después de almorzar, caminos digo, y a veces ni de dios ¡Pues vaya caminos¡ y para todos los gustos. Entre pinares, que de esto andamos bastante bien, (qué potencial tenemos en energías renovables), en fin… y cuando llega el otoño una gran variedad de setas y hongos nos hacen las delicias de paladares exquisitos, en otras ocasiones, por las riveras de los ríos, San Juan, Duratón, Riaza… vas andando por senderos, no dejando pasar inadvertido nada a tu paso: que si mira el lagarto ocelado, que agustito está al sol, qué ¡joder! (joder sí, los segovianos decimos joder), qué susto me ha dado la jodía culebra de escalera, que si el mirlo sale de entre las zarzas y te da otro sobresalto, qué mira que berros más buenos. En otras ocasiones, en los paseos por el campo el susto se lo llevan otros: corzos, jabalíes.  ¡¡Eso me creo !!. pero ellos saben que estás por allí, antes de llegar. Los animales tienen los sentidos mas agudizados que nosotros, ¡tontos de nosotros! que creemos saberlo todo. Otros caminos son menos entretenidos, digámoslo así, son los caminos de tierras cerealistas: alguna perdiz en lo alto de un majano requiriendo alguna dama, algún cernícalo primilla estático en el aire sentenciando a algún ratoncillo para su prole, aguiluchos, milanos haciendo el vuelo nupcial. Es una delicia ver sus vuelos parejos. Pero lo que realmente me apasiona es tener la ocasión de ver cazar al halcón peregrino, contadas ocasiones lo vi, pero inolvidables, y casi siempre, en lo más alto del cielo, este cielo tan nuestro y tan azul. los buitres, ¡eso si que es volar!, ¡que envidia, coño! (porque los segovianos decimos coño también y bien claro ¡qué lo sepáis!) estos carroñeros, con el mínimo esfuerzo, recorren kilómetros y kilómetros, pero el hambre les aprieta… y digo yo ¿Por qué desaparecieron los muladares? En otros países europeos intentan introducir de nuevo al buitre y… por cuestiones sanitarias. Creo que cada ser tiene una función en este planeta, la del buitre limpiar de animales muertos el campo antes de ser focos de infección ¿… y la nuestra? ¡Pues no lo sé, pero creo que aquí, en el planeta, si alguien sobra, somos nosotros; son cosas mías claro, y es que, en mis incursiones en solitario por estas tierras, me da mucho que pensar y siempre viene a mi mente una palabra como resumen y final, RESPETO, pero también viene a mi mente otra, EQUILIBRIO, palabras básicas en nuestro entorno para llevarlas a su ejecución.
Mi tierra es esta, la recorro a menudo, la siento, la percibo, pero no sé narrar sus atractivos, su rudeza, sus encantos como se merece, la mejor narradora es ella, es un libro abierto por las páginas que tú mismo quieres leer, historia, fauna, flora, tradiciones. No te defraudarán sus páginas. Cinco sentidos dicen que tenemos, pero para sacar todo el partido de ellos en nuestra tierra, usar el corazón.




Preciosa mañana la de hoy domingo, las temperaturas frías de estos días pasados nos dan un respiro y aprovecho para salir a dar un paseo, tengo pendientes muchos parajes de nuestra comarca pero en esta ocasión me dirijo a un cañón que tengo ganas de recorrer desde hace tiempo, pues conozco donde empieza pero no donde termina.
Mi pequeña excursión empieza en el puente cercano a Castroserracín, diez de la mañana, aun el suelo y los barros del camino están helados, pretendo seguir el cañón hasta donde me lleven mis piernas desentrenadas de este invierno pues las salidas no han sido muchas.

Lugar de partida, Castroserracín.
Las autopistas me hacen prisionero, los caminos me enseñan la libertad, los senderos me hacen libre.Amistades del camino, todas, el rumor del arrollo, el trinar de pajarillos, el graznar de los cuervos, aromas de flores y hierbajos, picaduras de zarzas y ortigas, nunca se sabe quien te espera al final del camino.

El camino carretero desaparece a unos centenares de metros y empieza un sendero donde el susurro del agua del arroyo nos acompaña en el caminar, la vegetación es la típica plantación de chopos, antiguamente huertos, que deja paso a zarzas y espectaculares nogales. Según nos vamos adentrando, unas parejas de buitres salen de sus dormitorios o tal vez emplazamientos para fundar nuevas familias, es su momento de emparejamiento, la vida sigue para la fauna a expensas de estos movimientos sociales de los humanos tan complejos pero que también a pesar de todo e ignorándolo nos dejamos llevar por quien nos domina muy a pesar de muchos, la naturaleza.

El Fraile.

Las Mojas y el Obispo.

Me encuentro de golpe con esta mole de piedra inhiesta a la que llaman “el Fraile” del que coge su nombre el cañón, yo me pregunto -¿donde está el fraile?- sus atributos se ven y desde lejos, joer con el fraile, y es que hace un día de primavera y uno pues no es de piedra, pero no penséis que me va ese rollo yo soy mu hombre aunque siempre digo que no del todo por la cuestión del machismo, ya me entendéis. En la otra ladera, en la umbría, “las Monjas”, dicen que son dos y que la piedra esa rechoncha es un obispo, ya sabéis cosas de los pueblos.

Tenadas. Donde no hay, la necesidad agudiza el ingenio.

A mi paso veo unas tenadas bajo abrigos naturales de las paredes de roca a las cuales me acerco cruzando el arrollo, ahora de aguas transparentes y en verano creo que inexistentes (en verano tiene que ser esto un horno de calor). Y poquito a poco, paso a paso, llego a un lugar donde de nuevo se ven huertos de árboles frutales, donde los ciruelos son famosos por sus ciruelas claudias, creo que ya estoy en el término de Valle de Tabladillo, y con unos centenares de metros más al Barrio de Arriba. Apenas veo gente y ya son las once de la mañana pero veo bajar a un señor ya mayor fumando un cigarrillo liado y me enrollo un poco con él, -¿cuantos sois en el barrio?- me dice que unos nueve, yo le digo, -¿contando a los perros y todo?- me dice, -que nooo hombre-, pero que de los nueve, cinco de ellos están solteros, -pues valla porvenir- pienso yo y como tengo prisa por volver, me vuelvo a encaminar por donde he venido y más porque noto que tiene una sordera que haría difícil nuestro entendimiento.
En la ladera restos de antiguas minas de yeso, en su momento el yeso de Valle de Tabladillo fue famoso entre los albañiles de la comarca por lo blanco y lo hijoputa que era para trabajarlo, las minas fueron quedando en desuso, volvieron a tener sus días de gloria por la extracción de alabastro, estas que veremos no, otras que se encuentran también en el término, en la actualidad creo están cerradas.

Lugar de llegada, Barrio de Arriba, Valle de Tabladillo.

Me encuentro a mi paso con dos personas haciendo trabajos en la senda, Cesar padre y Cesar hijo, me quedo de charla con ellos y me cuentan, -yo si nací en el Valle- me dice el padre, -pero llevo en Madrid un porrón de años-. Están limpiando la senda junto a unos nogales que dicen que son de su propiedad, me cuentan que antes, debajo de ellos era pradera, ahora ni pueden recoger sus nueces de tanta maleza y zarzas, antes las cabras y ovejas de las tenadas cercanas no lo dejaban brotar ahora está salvaje todo esto. Hablamos un poco de como era todo eso antaño, y como anécdota me dice -aquí en el Valle las fiestas eran en agosto, pero por estos andurriales venían a ellas las cuadrillas de Castroserracín y nos destrozaban las plantaciones de cáñamo, por lo que decidieron los del pueblo cambiar las fechas para que no se las destrozaran. Por eso ahora son el ocho de diciembre, cuando el cáñamo aun no está ni sembrado-. ¡Que cosas! Ya no se siembra a ver que vais a pensar.
Nostalgias de un pasado.

Después de un buen rato de charla y de nostalgia del pasado me despido de ellos. Vuelvo ya por senderos de barro, pues ya desheló y de nuevo a pasar junto a la semejante barbaridad de... ciruelo pétreo y me voy tan contento pa mi fragoneta y que no penséis que porque me transporte en fragoneta no soy de fiar ¡eh! que también soy mu honrrao, un poco cabrón (dicen) pero de buen corazón. Y así pasé mi mañana de domingo. ¿Y la noche? Pues un poco acomplejao por lo visto esta mañana de como se las gastan los frailes, semejante escultura no se la hacen a cualquiera, me consuela pensar que sea de cuerpo completo. ¡Vamos digo yo!

¡Hala, venga, a dormir, acomplejaos!

Pasando la mañana del domingo por la ruta de la reconquista.

Esta primavera parece que no quiere asentarse por estas tierras, he pensado esta mañana asomándome por la ventana, tenía idea de ir de ruta en amoto, pero no me gustan mucho las sorpresas así que decido ir bajo cubierta, dirección norte, en busca de las huestes que vienen a reconquistar y repoblar estas tierras la Extremadura Castellana. Lo de Extremadura se dice por que estaban al otro lado o extremo del río Duero, fueron tierras de nadie, las primeras noticias escritas nos dicen que los primeros repobladores cristianos llegaron en el año 937. Por estas tierras de Fuentidueña, Sacramenia ... el encargado de reafirmar estas repoblaciones fue Asur Fernández hacia el año 943.
Paso mis primeros kilómetros por carreteras entre pinares, Fuenterrebollo (1), gentes con recursos y alternativas, atrás en el tiempo quedó un despoblado, Terraña, sobre un pequeño otero y junto a la fuente de Cubo Terraña, en el camino que lleva a Fuente el Olmo, pero esa ya es historia pasada, anterior a esta reconquista o colonización.

Continuo mi camino hacia Navalilla (2), pequeño pueblo, paso de largo, cosa que no hicieron los romanos en su momento donde un pequeño asentamiento delata su paso, muchos pueblos como este tienen su origen en pequeñas villas romanas, en la repoblación los colonos encontrarían estos terrenos tan aptos para su cultivo como sus antecesores los romanos.
Desde Navalilla nos sale una carretera en dirección al Burguillo (3), parece que a este pueblo tampoco ha llegado la repoblación. En su termino se encuentra La Mesilla, antiguo asentamiento de La Edad del Bronce (Cogotas I) en las Hoces del Duratón, diseminados por todas las hoces se encuentran pequeños castros como este, algunos de estos no se abandonarían en tiempos de contiendas contra los moros.

Sigo mi ruta camino de Carrascal del Río (4), en el cruce de caminos que lleva al Valle de Tabladillo me encuentro en lo alto de un pequeño cerrete restos de una pequeña atalaya o castillo, es un punto estratégico, allí confluyen dos vías de penetración hacia el interior de estas tierras. Las vías de tránsito seguían los ríos o valles y en ocasiones alguna vía romana, los páramos serían impracticables por falta de caminos y de su abandono durante siglos.

Siguiendo el río Duratón, aguas abajo, llego a Carrascal del Río, tienen un molino junto al río, ya en desuso, y dos barrancos preciosos para senderismo, el Mirador de las Duernas y Valdehornos, en este pasaremos por el despoblado de Horcajo. En la comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña de un total de unas cuarentas aldeas unas dieciocho son despoblados, estas desparecieron quedando aun sus nombres en la memoria oral de los lugareños, Bernuy (San Miguel), Aldeafalcón, San Bernardo, San Juan, Santa Ana (Sacramenia), Serranilla, Valcabado, Santa Cruz (Fuentidueña), son algunas de ellas.

Seguiré mi camino rió arriba, a pocos kilómetros me encuentro con Cobos de Fuentidueña (5), aun muy despoblado y es que el medio donde se encuentra no da para más, en lo alto del pueblo y rodeada de bodegas, la ermita de San Benito y su fuente como no podía ser menos la Fuente de San Benito, sobre estos terrenos vestigios aun más antiguos y desde allí veremos junto a la ribera del río la iglesia románica de San Julián Mártir. No lejos de allí, dentro de su término y en el otro margen del río, se encuentra Habuba, antiguo asentamiento romano con testimonios de más antiguos asentamientos de épocas anteriores, una cosa común que define estas poblaciones o asentamientos son sus fuentes, lógica aplastante, el agua es vida.

Me dirijo a Bernuy o San Miguel de Bernuy (6), en la entrada a este pueblo, junto al frontón actual restos de los antiguos moradores de estas tierras (¿Vacceos, Arévacos?) lugar de frontera entre estos pueblos íberos. Restos de un puente que uniría las dos riveras, este se encontraba aguas arriba del actual, sobre el promontorio por encima del pueblo actual los restos de un castro y de dos románicas, los San Martines y los San Pedros, también antiguo asentamiento (¿Vacceos, Arévacos?). Desde allí en la otra rivera del río veremos las ruinas de la Virgen del Río cuyos restos se encuentran en una ermita de reciente construcción en la entrada del pueblo por el camino que veníamos. Su iglesia románica muy trasformada posteriormente. San Miguel de Bermuy fue un cruce de caminos y sigue siendo casi paso obligado por esta zona del Duratón.

Continuo aguas abajo hasta los Valles de Fuentidueña (7) donde la torre de su iglesia parece ser una atalaya. Por un camino que sale de frente al pueblo, hacia la derecha, se encuentra el pantano de la Serranilla, lleva el nombre de un antiguo despoblado que allí existía y apenas a quinientos metros del pueblo pasaremos cerca de un yacimiento muy importante de fósiles, pero eso para otro momento, nos queda muy lejos de la reconquista y repoblación de estas tierras.
Continuo por entre valles antiguos, senderos en un principio, luego caminos y ahora carreteras, poco no me equivocaré diciendo que poco habrá variado el trayecto desde tiempos muy, muy lejanos, y río arriba me encuentro a pocos kilómetros con Fuentidueña (8), dios mio que ruina, el hospital de la Magdalena, el templo románico de San Martín, con sus otras parroquias en los arrabales, Santa Cruz con su fuente del mismo nombre, Valcabado, antiguos despoblados, el convento de San Francisco y otras más desaparecidas, dicen que en total eran unas diez parroquias. Sobre los muros de sus casas restos de románico, blasones, sillerías de antiguas construcciones y ese castillo con esas murallas, pero este no era de la reconquista fue posterior. Aun quedan en pie la Capilla del Palacio de los Condes de Montijo, recientemente rehabilitada, la bella iglesia románica de San Miguel y en los arrabales, la iglesia de Santa María del Arrabal y restos y restos de un pasado esplendoroso, más destructor que las guerras es el abandono. El desaparecido templo de San Martín es el emblema de la vergüenza nacional, en nombre de la cultura de dos estados el español y el americano, un 13 de Febrero de 1958 un total de 3300 piezas pertenecientes al ábside llegaban al puerto de Nueva York, a cambio, los americanos devolvían unas pinturas de San Baudelio para el museo del Prado, vaya usted a saber como consiguieron estas también.

Y por ese puente de seis ojos, un poco triste por lo que vi, cruzo el río y por la carretera que nos sale enfrente me dirijo hacia la ermita de San Vicente de Pospozuelo (9), románica, asentada también sobre un despoblado que llevaba su nombre, de aquí a Pecharromán (10), donde su iglesia, también románica, nos relajará del camino allí sentados en ese patio-frontón de pelota.
Salgo de este pueblo dirección Sagrados Muros o lo que es lo mismo, Sacramenia (11). Antes de llegar nos encontraremos con la ermita Cardaba de lo mas antiguo en románico segoviano, ya desde allí a pocos pasos estaremos en Sacramenia y en todo lo alto como coronando Sacramenia los restos de la ermita de San Miguel. Para subir a ella, junto al cementerio a mano derecha, un camino nos llevará a sus proximidades, desde allí veremos a nuestros pies las iglesias de Santa Marina y San Martín, románicas ellas con preciosos frescos y otra con una esplendida pila bautismal en su interior. La repoblación por estos lares llegó muy pronto, la primera la desmantelo Almanzor con una campaña dirigida contra Sacramenia en el año 983, la segunda, ya definitiva, fue en el 1009. Algo muy importante para los colonos eran sus creencias religiosas, duros años de trabajo en tierras sin cultivar desde siglos, roturar estas, hacer hogares, caminos, hacer todo de nuevo de la nada, algo les motivaba su religión de eso tantas ermitas y templos jalonan estos valles, era necesidad estar socorridos y alentados por su dios.


Desde Sacramenia parte un carreterilla preciosa en dirección a Valtiendas, de la cual nos desviaremos por otra que nos sale a mano izquierda y que nos lleva a lo mas anónimo de nuestra provincia el coto de Santa María. Escondido en ese pequeño rincón de nuestra tierra el monasterio de Santa María, por ella también pasaron los americanos y la desidia llevándose el claustro y la sala capitular, lo que queda, privado, visitas los miércoles, pero podéis acercaros por allí y contemplar este sobresaliente monasterio, merece la pena, no os defraudará.
Vuelvo por mis pasos hasta Sacramenia y en un cruce de caminos me dirijo a Covas, actual Cuevas de Provanco (12). El camino me aleja del valle y me remonta hasta la paramera de cultivos de cereal para después de unas leguas adentrarme en el valle del río Botigas. Bello valle guardado por lomas donde las viejas raíces de la vid dan el fruto que anima a los colonos repobladores de estas duras tierras a continuar con su repoblación. Es domingo, las gentes, al toque de campanas, acuden a la iglesia entre callejuelas empinadas horadadas con sus bodegas para guardar el fruto de esas viejas raíces, para algunos con esfuerzo acostumbrado, para otros más liviano por ser cuesta abajo, los hombres a las puertas de la iglesia esperan los últimos toques de campana para entrar, las mujeres entran según van llegando, me quedo un rato con ellos de charleta, la memoria de los moros está presente aun, que si la cueva el moro, que ese de arriba era su castillo, que si existía una ermita, San Adrián. Mientras hacen los oficios me doy un garbeo por sus callejuelas, sobre esa ladera que se desparraman sus casas, casas muchas en ruina, vuelve de nuevo la despoblación, estas gentes parecen ser nacidos de un terrón de tierra fertilizado por una tormenta providencial de primavera no abandonan sus tierras y eso les honra, gentes mayores en su mayoría. Me acerco a la panadería, pues me choca mucho un pueblo tan pequeño y con panadería aun, y a allí conozco a su panadero, Julián Francisco de toda la vida, sesenta un tacos e historias para contar de siglos ¡que sabia es la madurez! Echamos la cuenta de las panaderías que quedan por el contorno, Fuentesauco, Sacramenia, Cozuelos, Fuentesoto, Cantalejo tiene tres. Ya quedamos pocos, me dice, a esta le quedan cuatro años para cerrar. Y seguimos charlando y me cuenta lo de la tarja y que su horno antes era de adobe y que lo cambió por este de escopeta.
-¿Y eso que es?- digo yo.
-Pues esto..., por esta puerta se prende y se echa la leña y calienta la bóveda y por esta otra puerta se mete el pan, el cual tiene el calor pero no le da la llama, y que buenos lechazos salen de aquí.-
-¿Pero serán churros?-
-Pues claro, todavía quedan por estas laderas.-
Después de despedirnos varias veces pues no acabábamos de sacar temas de conversación cuando me iba acercando al coche para marchar me encontré con Florencio, amiguete mio, con un montón de sarmientos cargados en la carretilla, los sarmientos o mostelas son los tallos ya secos de la vid que se podan y dejándolos secar son de lo mejorcito para hacer chuletas a la parrilla.
-Pues voy a encender la gloria de la casa de mi madre.
-Pues me voy contigo.
Una gloria son ya inventos romanos que utilizaban en las termas, pero aun resisten por estos pueblos. Este gran invento consta de unos conductos por debajo del pavimento, hechos generalmente de ladrillos que soporten el calor, repartidos por diferentes estancias de la casa, tiene una boca donde se echa la leña, cualquier tipo de leña, y una chimenea que lleva el humo al tejado, una vez encendido se cierra para que cree ascuas, suele mantener caliente la casa de un día para otro con muy poquita leña. y con esas me fui para su casa dejando atrás la reconquista.

Han pasado ya diez siglos y aun creo ver a sus colonos ya castellanos, pues viven en Castilla, pero venidos de la Rioja, Asturias, Navarra. Introdujeron en nuestra tierra sus costumbres, ritos, tradiciones, juegos, los nombres de nuestros pueblos, llevamos sus apellidos... y es que Castilla es tierra de diversidad cultural e incluso me atrevería a decir que de un pueblo a otro sus raíces son diferentes aun estando cercanas en espacio y tan alejadas en el tiempo cultural de donde partieron.


(1), (2), (3), (4), (5), (6), (7), (8), (8), (10), (11), (12), Señalizados en el mapa.

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La Senda de los Frailes



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