Conoce tu comarca

Historias, leyendas y paseos por lugares de la provincia de Segovia.





Empieza como todos los cuentos:

Hace ya muchos años existía en mitad del campo, como no podía ser de otra manera, un pueblo, en el vivían unas veintiocho familias, cada familia se mantenía sacando el fruto a la tierra con el esfuerzo de todos sus miembros, ayudados por ganado de tiro al que cuidaban con mimo, eran sus compañeros de trabajo y de ellos dependían sus cosechas en gran parte. Un huerto, una vaca, ovejas, un cerdo para San Martín, gallinas y algún que otro bicho de corral, rellenaban sus necesidades. Casi todas las familias subsistían de los recursos que ellos mismos arrancaban a la naturaleza, con modestia y sensatez, todas las familias vivían, sin lujos, pero tampoco eran dependientes de nadie más que de la merced de la naturaleza.
Pasaron años y siglos en esa perfecta ecuación de equilibrio sostenido, hombre y naturaleza, naturaleza y hombre, hasta que un hombre pasó por ese lugar, un hombre de ciudad vestido de traje, muy presentable él y les propuso que cambiaran su ganado de tiro por una máquina, infernal para los del pueblo por el humo que echaba y por el ruido que hacía, pero a cambio labraría sus tierras en menos tiempo, con menos esfuerzo y con mucha más productividad. Todos sospecharon de tal máquina y la rechazaron, tenían todo lo que querían pues no conocían otra cosa, solo uno de los habitantes quiso hacerse con una y a cambio de parte de futuras cosechas se hizo con ella.
Sus tierras no fueron suficientes para ir pagando el trato concebido y el mantenimiento de tal máquina infernal, y, poco a poco, fue ganando terreno a sus vecinos alquilando sus tierras pues, ese negocio ya no tenía marcha atrás. Al ver que su producción era mayor dejo la vaca y los bichos del corral pues su tiempo estaba limitado a hacer rentar sus tierras cada vez más y más, pues su producto cada vez era mas barato al ser menor su esfuerzo, pasaron algunos años más y sus vecinos no podían competir con él ni con su máquina, aun más grande que la anterior y más infernal si cabe y, no poco a poco sino con la rapidez de una máquina, fueron abandonando el pueblo, ya solo quedó él rentando esas tierras a sus vecinos. Sus hijos también se fueron lejos a estudiar, pues la escuela se cerró, su mujer fue a cuidadar a sus hijos a la capital, nunca más volvieron. Y colorín colorado el cuento de la máquina infernal ha acabado.

PERO OS PREGUNTAREIS:

¿Que máquina era esa tan infernal? Os lo podéis imaginar, la Avaricia.

¿Y como se llamaba ese señor? Nació llamándose Convivencia con el tiempo cambió por el nombre de Ansia y más tarde Amargura y Soledad.

¿Y como se llamaba el pueblo? La historia está inacabada aun, pero puede tener el mismo nombre que tu pueblo.


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MIS PUEBLOS SE ME MUEREN

Los pueblos se me mueren aquejados de un mal cáncer de soledad y abandono. Unas campanas en su lento y machacante latir nos lo anuncian con una frecuencia que nos entristece a los lejanos y hace llorar ya solo a una siguiente generación. Mis pueblos se me mueren, no queda la menor duda, ya en la historia se perdieron muchos, los que quedan aun resisten sin escuelas, sin críos correteando por sus calles, sin nueva simiente ¿que crecerá en ellos? Sus calles apenas unos pasos cortos y cansados las recorren, lentos, demorando su llegada, pues en la vuelta de la esquina tal vez les espera su ultimo destino.


Los pueblos se me mueren, y con ellos esos saludos de cada mañana tan rituales como entrañables: "hola Juana, ¿que tal estás hoy? María hace fresco abrígate, ¿viste ayer a la Dominga? Dicen que está mala".
Dejarán de sonar esas bocinas anunciando el pan de cada día de esquina en esquina, esas charlas a la fresca de la noche del verano, contando mil historias del pasado, no solo se mueren mis pueblos, se muere algo más, algo que ya no se lleva en otras sociedades, la convivencia.


Los pueblos se me mueren al igual que sus animales de cuadra, esos mulos yeguato o como los burros del tío Tizón, que ni que decir tiene el porqué le llamaban el tío Tizón, tan negro él como sus entrañas y es que en los pueblos conviven todos, le tienen cogida la medida a cada uno, dejarán de oírse los gallos en el corral, aquel perro detrás de las puertas carreteras, y aquel cerdo preparado para la matanza, que reclamaba su festín a base de sobras, patatas cocidas, algo de pienso y cebada cada mañana, ya no lucirán sus chorizos en el sobrao, tampoco en ese jamón colgado de un clavo de la cocina para terminar de curarse se darán más coscorrones sus inquilinos -“redios”-. ¿Y quien nos dirá, cuanto de sal, cuanto de pimentón, cuanto de orégano?


Los pueblos se me mueren, veremos caer sus casas poquito a poco, primero sus tejados rojos de teja árabe dejaran a la vista el esqueleto de sus maderas de cubierta, recogidas antaño en el enebral y ahora en la intemperie, aguantaran algunos años pues son duros como sus dueños que nacieron de la misma tierra, y luego, poco a poco, sus paredes de piedra y cal se irán desmoronando. Ya sus paredes interiores de adobe, galvegadas de cal se cayeron hace tiempo, para pasados unos años no dejar ni siquiera el recuerdo de ese hogar construido en muchos casos por los mismos dueños, ayudados por sus vecinos y es que en los pueblos era así. Y los pueblos se me mueren y con ellos la arquitectura tradicional.

Serán desiertos sus huertos de tomates con sabor a tomate, de lechugas tan frescas como el agua de sus fuentes, ahora ya secas, y sus frutales tan esqueléticos y secos como sus áridas tierras no regadas por ese pozo acenagado ya por esas piedras que formaban la pared para evitar intrusos. Mis pueblos se me mueren y con ellos esos sabores de juventud tan recordados... como cuando asaltábamos alguno para coger alguna zanahoria, algún guisante, cuidados con ese mimo que solo los nacidos de esta tierra saben dar y es que nada sabe igual que la fruta prohibida, como el primer beso robado detrás de los lavaderos a esa chica que te traía por la calle de la amargura, o ese revolcón en las eras que martirizaba tus sueños, los pueblos se me mueren y con ellos mis recuerdos.


Ya años atrás murieron muchos pueblos de nuestra comarca, aun en el recuerdo de nuestros mayores, San Miguel de Neguera, El Carpio, Villaveses, Cabrerizos, Aldealafuente, Fresneda de Sepúlveda, la relación de ellos sería larga de enumerar, tan larga como las tradiciones, ritos, gastronomía, folclore, ermitas, arquitectura que también con ellos murieron. Algunos pueblos de estos citados aun no desaparecieron en su totalidad, sus casas aparecen como esqueletos a nuestros ojos, inertes, mudos a nuestros oídos, pero no indolentes a nuestras demás sensaciones, sientes que algo muy nuestro, nuestra historia, se murió con ellos.

Soy Paco Torralba. Tranquilos, no, no me he equivocado de blog al hacer esta entrada. Tampoco tengo secuestrado y amordazado a Esca mientras la hago. Solamente es para proponeros un juego. Esca va a proponer en www.astragalo.net que acertéis tres enclaves románicos y yo, a su vez, propondré otros tres en este blog.
El maligno Esca (no le califico yo así, se autocalifica así él mismo. Bueno, sólo a su sonrisa…) dice ser benevolente con sus propuestas. Yo no estoy tan seguro de ello. En cualquier caso, entrar allí y lo comprobaréis.
Mis tres imágenes propuestas son más sencillas, un poco mas alejadas del área de acción de este blog. Son un conocido atrio porticado, un templo en cuyo pueblo se celebra una curiosa ceremonia/rito ancestral y una portada de un templo/bar difícilmente olvidable para sus
visitantes.

¿Dónde se localizan?

Una semanita para ello, amigos. Adelante…





Actualización: se han añadido nuevas fotos del Solapo del Águila realizadas por Carlos Santa Engracia al álbum de pinturas rupestres.

Han pasado ya muchos años desde cuando empecé a recorrer las Hoces del Duratón. Recorridos por sus intimidades, pretendiendo descubrir su alma que se encierra en cada paso que das por cada uno de sus rincones. Las estaciones del año las configuran de tal manera que en cada una tienen algo especial, si he de ser sincero la que más me gusta es la primavera, es como ver el alumbramiento de nuestra Madre Tierra, todo empieza a tener vida, hasta la roca más estéril nos regala unos “zapatitos de la virgen”. La que más añoro es el otoño, por sus colores realzados por sus atardeceres donde las sombras de los enebros y sabinas llegan hasta el infinito, sus rocas cambian de colores como si de un camaleón se tratase. En invierno, cuando la nieve cubre sus piedras, es momento de meditar ante la pureza del blanco y sobre la soledad que se encuentra en esos días por estos parajes, pero llega el verano y a pesar de ser un desierto implorando unos chaparrones que refresquen sus áridas tierras es cuando mejor se puede transitar por ellas.


Este fue un verano como tantos otros, en el que un grupo de amigos transitamos por caminos recorridos en tiempos ya lejanos, cuando las piernas no se cansaban y lo intrépido rozaba la insensatez. Lo digo por los lugares donde llegábamos buscando descubrir restos de antiguos moradores en cuevas, recovecos, solapos, abrigos, poyales, ... a sabiendas que todo estaba más que descubierto por los pastores actuales que siguieron aprovechando esos abrigos y cuevas para su ganado y que tienen nombre puesto casi a cada piedra desde siglos atrás y que pasaron oralmente de generación en generación hasta nuestros días, que si la Lastra los Seros, que si Los Mirones, El Encinar, el Pilón del Celemín ,Las Cárceles… en muchos de estos abrigos nos dejaron nuestros antepasados estas imágenes que hoy recogemos con nuestras cámaras digitales y ellos harían lo propio con estas pinturas ilegibles ya para nuestra mentalidad tan materialista en la que vivimos.
Con las cámaras fotográficas en ristre nos encaminamos en esa mañana tan calurosa de verano, los caminos se hacen espesos hasta llegar al lugar donde pretendemos, una parte del alma de las Hoces del Duratón.
Tardamos un rato hasta llegar a la botadera que nos llevaría hasta ese poyal donde se encuentra el pequeño abrigo, ahora cama de algún corzo o jabalí, y hace algunos miles de años refugio de algún antepasado que dejó su eternidad plasmada en rojo. Si, allí seguían esas figuras impregnadas en las rocas retando a nuestra tecnología a perdurar tantos siglos como ellas. La visión es muy diferente a estas edades que tenemos, pero seguimos emocionándonos y sorprendiéndonos al verlas y una cascada de preguntas invaden nuestra cabeza, difíciles de asimilar y mucho más de contestar. Lo que si tengo claro es que admirarían las Hoces como lo hacemos nosotros en escapadas como las de este verano, esa atracción, ese embrujo que ejercen sobre todos nosotros al igual que ejercería en los moradores de hace siglos y milenios atrás.
Seguiremos buscando en todos sus rincones ese alma que nos contestará muchas preguntas sobre nuestra existencia y nuestro caminar por este planeta pero que, si de nuevo he de ser sincero, las respuestas las encontraremos cada uno en nuestro interior.


El río Duratón serpentea por sus hoces aproximadamente unos 25 km. desde el Molino Giriego hasta Burgomillodo, en este trayecto se encuentran alrededor de 30 estaciones de pinturas rupestres conocidas relacionadas con las poblaciones de esos momentos, su datación es confusa, entre el siglo IV a. C. y finales del I a. C. El estudio mas amplio sobre este arte rupestre lo hizo la Dra. Mª Rosario de Lucas por los años setenta para su tesis doctoral, anteriormente ya las estudiaron otros, Marqués de Cerralbo, Carballo J., Cabré J., es de imaginar que desde esos años muchas de estas pinturas se habrán perdido para siempre y que otras muchas no habrían, si quiera, llegado a nuestro siglo. Las que podemos admirar aun, están situadas en lugares dentro de las Hoces, digámoslo, un poco rebuscados o emblemáticos para sus autores, orientados hacia el sol en su mayoría, no queriendo decir con esto que en lugares de umbría no hubiesen, si no que tal vez no llegaron a nuestros días a causa de peores condiciones climatológicas. Algunas de las más conocidas son las de El Solapo del Águila, Molinilla, Solapo de los Angostillos... entre muchas otras anónimas que no se nombran por su nombre nada más que por pastores, pues son solo ellos y los muy mayores los que todavía saben como se llaman ciertos lugares.

Desde aquí mando un S.O.S. para que este arte rupestre no se pierda y así futuras generaciones den una respuesta a las incógnitas que encierran estas pinturas esquemáticas, tanto de nuestro pasado como de nuestro futuro.


“El mejor profeta del futuro es el pasado”.

Lord Byron (1788-1824); poeta inglés.
Por último, una pregunta dejo al viento este de la red, que la lleve allá donde sople, este tipo de pinturas esquemáticas se localizan en diferentes puntos de nuestra península, ¿creéis que estas pinturas esquemáticas, sin trasmisión de ningún tipo, ya sea oral o visual, las plasmaría el hombre por simple evolución?
Para ver y comentar el álbum de fotos pinchad AQUÍ.
Para ver la presentación de diapositivas a tamaño completo pinchad AQUÍ.

 Ver Noticia sobre investigacion de las pinturas rupestres 

Ver-http://www.academia.edu/705855/El_arte_rupestre_esquematico_en_el_Barranco_del_rio_Duraton_nuevos_dibujos_enigmaticos_en_la_roca

VER-estudios en la historia

Para ver y comentar el álbum de fotos pinchad AQUÍ.

Ver-Excursion por las pinturas

Para ver la presentación de diapositivas a tamaño completo pinchad AQUÍ.

La Comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña en reunión extraordinaria celebrada el pasado día 26 de diciembre de 2010 decidió, por unanimidad, conceder el título honorífico de Hijo Predilecto de esta Comunidad a Don Fernando Sebastián Álvaro como reconocimiento a su labor de difusión, búsqueda y recopilación de la cultura que atesoran los pueblos que componen esta Comunidad.
En un acto dirigido por Don José María Bravo Gozalo, presidente de esta Comunidad, se alabó el buen hacer de Fernando Sebastián, nacido en Cozuelos de Fuentidueña, que desde su blog "Conoce tu Comarca" ha sabido dar a conocer a todo el mundo los valores de esta tierra. Acto seguido se descubrió la escultura de piedra, realizada por Lucio Zurdo, que representa a Fernando en uno de sus muchos paseos por estas tierras. La escultura ha sido instalada en el camino de las Praderejas justo en la confluencia de los términos municipales de Cozuelos de Fuentidueña y Fuentepiñel.


En estos días cercanos a las fiestas navideñas recibo felicitaciones y buenos deseos, solo, y nada más, que no está mal, no lo niego, pero yo lo que deseo es una GRAN CESTA DE NAVIDAD. A mi nunca me regalaron una, por lo que nunca he podido sentir ese regustillo que tiene que dar ir poco a poco destripándola y sacando de sus entrañas esa paletita, esos licores, ese vinito, ese turroncillo… a mi lo que me gusta es el verdejillo, pero no le hago ascos a nada, los puntos suspensivos tampoco están mal.

Yo, en mi “corta madurez”, me lo he preguntado a menudo: ¿Y a mi por qué no me mandan ninguna? ¿Qué he hecho yo para merecer tamaña ofensa?

Joer, que envidia me dan los que la reciben, en estos días cuando salgo a la calle procuro no fijarme, antes veía a los transportistas descargarlas y me decía: esa descarao que es para mi, pero no, nunca tuve esa suerte, ni siquiera una de esas que se rifan. En fin, apelo a un alma caritativa que haga realidad mi sueño. Aunque sea una de esas que no encuentran destinatario, o que son rechazadas, o de esas que llegan un poco perjudicadas o incompletas, o que sobran, aunque sea del año pasado, a mi me da lo mismo, ¡YO LO QUE QUIERO ES RECIBIR UNA GRAN CESTA DE NAVIDAAAAAAD!



Aprovecho estas líneas para desear a todos los que se pasan por este blog una Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

Esca


Nota:
Me se pasó, antes de realizar los envíos, por favor, contactar conmigo en el_escayolas@yahoo.es



Un fin de semana, este pasado, muy diferente a los habituales para mi, hice un viaje al pasado, allá por las tierras de Burgos no tan lejanas en la distancia, si en el tiempo.

La tarde del viernes llegamos un grupo de Homo habilis al pueblo de Atapuerca, que fue nuestro cuartel general durante el fin de semana. Lo primero que hice fue subir a ese montículo donde se encuentra la iglesia del pueblo, nuestro alojamiento apenas estaba a un paso, y desde allí me hice idea de donde me encontraba. Una gran laguna era el centro de esa depresión natural formada por la Sierra de la Demanda por el este y la Sierra de Atapuerca por el oeste. Se comprende enseguida el porqué ese lugar dio fruto (casualmente) a tan espectaculares hallazgos de nuestros antepasados. Que mejor lugar para asentarse que junto a esas lagunas, hoy reducidas, por donde todo bicho viviente en su viajar tenía el paso obligado. El agua es lo que tiene, es imprescindible, aun hoy ese paso está frecuentado, forma parte del Camino de Santiago. Muchos, sin saberlo, están caminando por donde lo hicieron sus antepasados, estos detrás de su sustento que eran los animales que los precedían en sus migraciones y en su pirámide trófica.
Pero… y ahora, siglo XXI ¿por qué ese trayecto?, ¿qué nos impulsa a recorrerlo aún?, ¿qué evolución es esta? Se recorre aun y no por el sustento y la perduración del ¿por qué?, ¿memes tal vez? Pues no lo se, pero mis interrogantes acentúan más mi creencia de que no evolucionamos, que solo progresamos y malamente.
Amanece en las lagunas de Atapuerca como otro día cualquiera desde muchos, muchos, siglos atrás, los patos con su parpar entre juegos, los caballos que allí se encuentran pastando desde antes del amanecer, algún animal echo en falta para esos milenios atrás pero el sol es el mismo, templando la sierra de Atapuerca con sus primeros rayos aprovechados por esos antiguos parientes nuestros, y alguno que otro mirando ese amanecer como yo lo estoy haciendo en estos momentos, admirando y agradeciendo ese nuevo día y es que hay cosas que no cambian nunca, bueno excepto una vía de tren, unos antiestéticos molinos eólicos, el ruido allá a lo lejos de la N-1, y ese icono de poder y adoctrinamiento 036 ¿cosas de la evolución? o ¿del progreso?

Esta imagen es del museo de la evolución, eran aproximadamente las ocho de la tarde, fuimos diez los Homo habilis del grupo o clan que entramos al museo sobre las cinco de la tarde aproximadamente, estos somos los que quedamos, y es que en la evolución también fueron muchos los que se quedaron en el camino. Pero, ¡joder!, me confundió el Neandertal, parecía que iba a prosperar pero mira tu por donde el egocentrismo del Habilis triunfó en esa carrera de ser el dueño del planeta. ¡PORCA MISERIA!



Y todo por tropezarse con esta jodida piedra y de esta a esta otra y luego a esta de más allá. Pero todo eso poco a poco, tardaron un millón largo de años con la jodida piedra pero evolucionando. Evolucionando llegaron al gran descubrimiento, el "Euro" y a partir de ahí todos jodidos, todos lo quisimos y matamos por él e inventamos maquinas para matar más deprisa y mejor y quedarnos con todo el pastel este del planeta y todos sus recursos, e hicieron maquinas voladoras y hasta inventaron el trabajo, no para todos claro, ¿como iban a trabajar los que lo inventaron?

Ellos se vistieron con ropas elegantes y suntuosas y adoctrinaron al Homo habilis a su antojo y así seguimos evolucionando, evolucionando, y toda la culpa la tuvo este señor, que simplemente quiso honrar en su muerte a un buen amigo o tal vez a su hijo, con esas ofrendas y alguien se aprovechó de ello a partir de ahí y son muchos aun los que lo están haciendo en pro de la evolución, inventándose mil historias, y evolucionamos más y más pero… ¿hacia adonde? Vuelvo a remitirme a Einstein, dijo que solo existen dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana, pero dudaba de la primera, de la segunda estaba tan seguro como yo, que pena de evolución.



Y de esta guisa terminamos ya el lunes donde unos amigos de otro clan nos juntamos en la península de San Frutos viviendo otro atardecer más para estar a bien con nuestra Madre Tierra que no se si nos acogerá en su morada por evolucionistas pero por echar cuatro risas como la de ese día que no quede.



Por ultimo, una imagen de este retablo que vi expuesto en el museo de Santo Domingo de la Calzada intentando explicar una parte de la creación o evolución, aun estamos en ello. Un niño llegó de la escuela a su casa echo un lío:

- ¿Mamá de donde venimos?-

Y su madre le dijo:

- De donde va a ser hijo, nos creó Dios con todo su poder el séptimo día de la creación.- No convencido el chaval se fue a preguntar a su padre:

- Pero hijo, de donde va a ser, eso es producto de la evolución del mono, después de mucho, mucho, tiempo.-

- Mamá, mamá, dice papá que venimos del mono.-

- Si hijo, pero esa es la familia de tu padre.-


Como cada otoño, mi instinto de recolector, no cazador, me hace salir al campo en busca de esos preciados frutos que nos ofrece la naturaleza a cambio de nada, simplemente de respetarla.
Somos privilegiados en esta nuestra comarca segoviana, nuestros montes, bellos como ningunos, los pinares, nos llegan hasta donde nuestra vista se pierde allá en el horizonte, en ellos encontraremos delicias gastronómicas en gran variedad como las amanitas de los cesares, boletus edulis, senderuelas, nícalos, setas de los caballeros, macrolepiota procera, etc, etc. Pero también encontraremos las más ponzoñosas, toxicas e incluso mortales como las amanitas, phalloides y pantherina. Y es que la naturaleza es así de contradictoria, por un lado nos da la vida y por otro nos la quita, tal vez heredemos de ella nuestro comportamiento hacia ella, hay personas respetuosas y educadas con la naturaleza al igual que existen los indeseables, ponzoñosos y tóxicos para ella.


Esta imagen ya la vi hace un año, explicación ninguna, pero os doy una idea ¿donde van a parar las ropas usadas que se donan y no tienen salida?

Hay gente sin escrúpulos, el autor es aun más toxico que ...

Esta imagen pertenece al valle del río San Juan, como podéis ver, el conductor del 4x4 dejó marcado su egocentrismo por un terreno que hace unos años se repobló con encinas y pinos. En la loma, a una encina con sus diez años de lucha por estar allí la pasó por encima con sus ruedas, digo yo que si alguien sobraba allí era ese reto hacia el cielo de la imbecilidad. Creo que fue Einstein quien dijo: Solo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera.


Esta imagen también pertenece al valle del río San Juan, los escombros actualmente son un problema difícil de resolver, las escombreras se clausuran y cuesta mucho dinero llevarlo al lugar adecuado pero no es escusa para tirarlo en cualquier lugar. Como no ponga medios la administración lo veremos muy a menudo, los pueblos han dejado de ser dueños y señores de su administración local y eso le pasa factura al campo. Y es que las cosas se arreglan de puertas para adentro, no desde una mesa.



Esto es frecuente en el pinar, vaciar los ceniceros, tirar la bolsa de basura en la cuneta cuando se va uno de vuelta a casa, o dejar esos garrafones una vez utilizados, y, sobre todo, una insensatez frecuente, levantar el barrujo en busca de las setas supuestamente allí ocultas, ese manto de acículas es su hábitat, las protege del hielo, del sol, y en él conservan la humedad adecuada. Teniendo paciencia nos deleitaremos con esos frutos que nos ofrece la naturaleza sin nada a cambio, solo un poco de respeto y sobre todo no destrocéis las setas que no recojáis, no privéis a nadie de sus colores, formas y sabores, pues tú no las conocerás como comestibles, pero para otros muchos son un manjar.


LA BOTELLA ASESINA. No hay nada más mortal para esos bichillos terrestres que una botella en la arena, su boca queda a la altura para que los invertebrados hagan de ella un lugar para ocultarse, es su muerte, no podrán salir nunca, sus patitas deslizarán una y otra vez por ese vidrio hasta su agonía. No lo pensamos pero esos bichillos tenían una función en el planeta y un guarro ignorante no permitió que la continuasen. En el equilibrio de la naturaleza casi todos somos necesarios, la función del guarrillo a buen seguro que no era esa.

Estos son nuestros pinares, pasea por ellos,recoge sus frutos, siéntelos, emociónate en un amanecer, pero sobre todo respétalos. ¡Que no se note tu paso por ellos!







Sorprende verlo por primera vez, después lo admiras, te apocas un poco ante todo, pero para mi esa sensación de haber estado oculto tantos siglos y de nuevo en este en el que vivimos se vuelva a mostrar me da mucho que pensar. Este ábside ha tenido durante estos siglos una gran partida contra el tiempo, gobiernos, guerras, expoliaciones aunque tal vez alguna haya ganado, pero contra la ignorancia y el mal llamado progreso perdió, en él quedan las cinceladas de esa ignorancia al mutilar partes de la obra tal y como la concibió su autor y al poner delante el altar ahora retirado. ¿Por qué esa destrucción para crear cosas nuevas? ¿Por qué lo mío vale y lo tuyo no? Deberíamos respetar al autor y a su obra, pero cada siglo que pasa la vanidad del hombre es mucho mayor, aunque no siempre, en este caso de Turégano, el tema era delicado: ¿donde poner el retablo mayor que ocultaba el románico?
A mi parecer hubo respeto por todo, a pesar de siglos, estilos y gustos que los separaban, ahora conviven y esperemos, por muchos siglos. ¿Por qué todo no puede ser así?

Doy las gracias por las aportaciones de Sir y Baruk, pues tan solo viendo las fotos nos aportan una gran interpretación más que lograda por su parte, gracias amigos.







IMPRESIONES DE SYR:

El centro del ábside, el lugar más sagrado, está reservado al santo que da advocación al templo: Santiago. Y más resaltado, aún, que el mismísimo tetramorfos, lo que ya es una pasada. Tanto el apóstol como el mismo Dios de la mandorla carecen de nimbo, pero la majestuosidad de ambos, revelan la importancia y excelencia de los personajes. Que la figura central es Santiago, no cabe la menor duda, pues si nos fijamos en la inscripción del libro abierto puede leerse "Iacobus, Apostol". El hecho que aparezca con el libro abierto representa que es portador de la "Revelación", pues si "toda revelación será para nosotros como palabras de un libro sellado" (Isaías, 29-11), la concreción simbólica de su mensaje estaba consagrada a los apóstoles (libro abierto). Llama la atención que la túnica del Apóstol esté pintada de rojo, por ser este un atributo de realeza divina. También la forma del bastón, que lejos de ser el típico de peregrino, se asemeja más a una virga. Otro detalle que me sorprende es la figura que aparece al lado derecho del capitel izquierdo, próximo al Apóstol, pues tiene cabeza de gallo con lo que podría tratarse de un basilisco, figura ésta infrecuente, casi única, en el románico segoviano y que, con sentido negativo, se contrapone a la figura de la otra cara del mismo capitel. En el capitel de la derecha del Apóstol, Adán y Eva, quizá representando la caída del hombre que debe peregrinar hacia su encuentro con Dios. Si os fijáis en la posición de las manos que sostienen el libro, su postura es antinatural, por lo que deduzco que la posición de los dedos pulgar e índice han sido buscadas intencionadamente para formar una especia de mudra o gesto místico, que intenta captar el contrato solemne desde la intimidad del hombre con el mundo de la divinidad.

Respecto del pantocrátor, los colores son distintos del Apóstol. La túnica es roja, pero el manto es azul, símbolo de la naturaleza humana y misericordia de Dios. Aparece coronado en Majestad y las figuras que lo coronan son aladas y están desprovistas del animal que acompañaba la cabeza del Apóstol. El gesto de su mano, además de estar ostensiblemente bendiciendo, presenta un esbozo del monograma de Cristo, pues presenta al meñique en I, el dedo medio y el índice cruzados en X y el pulgar en C. Debajo del Tetramorfos, me parece observar representados en diferente nivel, a peregrinos. Los de la parte inferior se representan noblemente vestidos, mientras el superior se trata de gente de nivel social más bajo como si quisiera advertir de la evidencia de que el Camino debe ser recorrido por todos, sin distinción de clases. Y en el capitel de la columnilla izquierda, el león (¿de Judá?).

Bueno, pues esto es lo que a vuela pluma me han sugerido estas fotos tan chulas de nuestro amigo Esca.



IMPRESIONES DE BARUK:

Al margen de lo que Syr haya comentado aquí, y tras mirar de nuevo las fotos, pienso que, lo que más me intriga, es ese friso que esta encima de Santiago. Esa cabeza de un león franqueado por los dos rostros humanos… ME INTRIGA QUE NO VEAS!!

Estamos acostumbrados a ver cientos de representaciones como esa pero al revés, quiero decir, con un hombre en el centro y dos leones a cada lado (como Daniel y los leones, por ejemplo). Pero…¿por qué esta vez no es así? Y además tan bien colocaditos encima de la testa del apóstol, que cualquiera diría que esta puesto expresamente para sugerir una especie de tiara o corona, atributo de supremacía y poder.

Si en esa especie de trío que tiene Santiago coronándolo, el elemento que preside es el león, podría mostrar un significado de realeza o de guardián.

-*Eso si quisiéramos hacer caso a una explicación que me dio un doctor en teología, y que según parece, en la lectura simbólica en imágenes del mismo tamaño, siempre la figura central es la más importante-.

Pero… ¿qué puede presidir Jacobus? o… ¿de qué es guardián éste apóstol considerado una de las tres columnas de la Iglesia? Pues creo una de las cosas podría ser que, tras la muerte de Jesús, fue un fiero custodio de sus enseñanzas, Santiago estaba al mando y presidía la comunidad judeo-cristiana en Jerusalén, y por concordancia, él es el custodio del cristianismo en nuestro país.

NO digo que sea eso, pero podría ir por ahí, ¿o no?

En cuanto a la pintura, creo que la coloración de la piedra esta tratada con bastante cuidado y con una gama muy variada de colores, lo que sugiere un taller con experiencia en este tipo de labores. Lo malo es que se ha perdido mucha policromía y tampoco se puede ver bien. Es de elogiar la cenefa, los trazos están muy mimados y han combinado muy bien las tonalidades.

Supongo que en cuanto a la simbología del color seguían sus propias pautas o las acostumbradas en esta zona. Pues al igual que otros Maiestas románicos (como el San Justo y Pastor de Segovia y el de San Isidoro de León) también tiene el manto rojo y su vestido interior azul. No distingo bien si el vestido del Maiestas es azul o verde, en todo caso azul indica su relación con la divinidad, el cielo, en cuanto que el verde es la tierra, alude a su naturaleza humana. El rojo del manto puede referenciar su plenitud, sacrificio, amor, etc.

Curiosamente, lo habitual en iconografía bizantina es colorear las vestiduras del Cristo al contrario que aquí, rojo el vestido interior, y verde o azul, la túnica.

También Santiago viste del mismo color, así que o no tenían mucha imaginación o quieren dar a entender algo que se me escapa. De todas formas, es muy diferente ver a Santiago vestido así que con el hábito de peregrino típico con el que solemos verlo.

En cuanto a la aplicación pictórica, supongo que deben haber diversas formas, pero me imagino como lo haría yo, así que imagino que mezclarían los pigmentos con algún aglutinante como cola de animal por ejemplo, y una vez compuesta la mezcla homogénea, aplicaría con cuidado y paciencia el llenado de color.

Psssssss... mirad lo que he encontrado en los apuntes que me paso el teólogo que os contaba, el Himno O Dei Verbum:

¡OH! VERDADERAMENTE DIGNO
Y MAS SANTO APÓSTOL,
QUE REFULGES COMO
ÁUREA CABEZA DE ESPAÑA,
NUESTRO PROTECTOR
Y PATRONO NACIONAL,
EVITANDO LA PESTE,
SÉ DEL CIELO SALVACIÓN,
ALEJA TODA ENFERMEDAD,
CALAMIDAD Y CRIMEN.

Según esto Santo Toribio de Liébana fue el propulsor de que leyenda Xacobea arraigara con fuerza en España. Y Santiago en aquellos siglos era aquí en Hispania casi más popular que el mismo Cristo, jó!

Aquella mañana, al llegar a la cuadra a atender a su ganado, su burro estaba de cuerpo presente. Esto es un decir, los burros dicen que no tienen alma, no se si por burros o por que no comulgan, el caso es que el burro estaba muerto y por estos lares, muerto el burro la cebada al rabo. Con la ayuda de unos vecinos lo llevaron al muladar, no sin esfuerzo, para que los buitres hicieran lo propio con el ,osease darse un festín, por que aunque viejo estaba gordito el jodio. Pero este señor tuvo la brillante idea de aprovecharse del difunto para intentar coger un buitre, sabe dios con que intenciones, abrió el burro por el vientre, saco todos sus metros y metros de tripas y demás órganos y pequeño él, se metió en esa cavidad maloliente y así, oculto, esperó a que los buitres llegaran a comerse el cadáver de su compañero de fatigas. Pasó más de una hora hasta que vio aproximarse a los comensales. En el mundo de los buitres hay jerarquías a la hora de empezar a comer y el primero que se aproximó fue un macho de muy buena talla y el tío Rosco, que así se llamaba el buen señor, le echó mano, sujetándolo tan fuerte como podía por las patas. El buitre, asustado y viéndose atrapado, empezó a aletear buscando cielo y libertad y el tío Rosco no soltaba ni pa tras y menos a esa cierta altura que le elevó semejante bicho. En estas pasaron las horas hasta hacerse la noche, cada cual con su desesperación, era ya cuestión de honor y de poder a poder, y dicen los de los pueblos cercanos, Sebúlcor, Valdesimonte, Consuegra, Sepúlveda, Urueñas, ... que en el cielo se veían unas siluetas con la luz de la luna y se oían unos lamentos que decían:

“Estrellitas del alba, lucero del amanecer,
el tío Rosco del Villar esta noche la va a joder”.


Gracias a Félix de Frutos por contármelo.

Era muy burro, bastante cabezota, tiraba coces, rebuznaba lo suyo, cagaba moñigas, en fin, casi como una persona.

–Señores pasajeros, abróchense los cinturones que vamos a despegar. –

Un escalofrió le recorrió todo el cuerpo, la emoción le invadió y una lágrima furtiva recorrió esas arrugas de su mejilla, de esa cara ya tan curtida que apenas quedaba sitio para una más. Si, era la primera vez que volaba pero su emoción no era por ese motivo, hace ya años también unas lagrimas recorrieron sus mejillas, pero estas eran tersas y sonrosadas, aquella vez, ya tan lejana en el tiempo pero a la vez tan presente en su recuerdos, sus padres le despedían desde esa parada del coche de línea de su pueblo, de donde partió esa madrugada en busca, no de aventuras de jovenzuelo, sino de un futuro, pues en el pueblo el futuro era incierto. Esa imagen no se le olvidó, sus padres, uno junto al otro donde un brazo de su padre consolaba a su madre y con el otro, agitándolo muy enérgicamente, le decía adiós y se tragaba sus lágrimas de hombre rudo de pueblo como podía. No les volvió a ver, dios santo, primero su madre murió y a los pocos años su padre, ese hombre nacido de la tierra y para ella. Si que llegaron telegramas pero ni a honrarlos pudo regresar.
Fueron años de penurias donde la vida lo arrinconó y se olvidó de que estaba allí. El océano es inmenso y el viaje en barco largo, donde las contradicciones se sopesaban, por un lado, dejar su hogar, por el otro, esas ganas de comerse el mundo y fue el mundo el que casi se lo come a él, pero un golpe de suerte le dio esta oportunidad de volver y, tal vez, quedarse en su pueblo natal para siempre. Fue su sueño durante muchos años y a sus sesenta años el destino ya no daba sorpresas.

– ¡Joder que recuerdos de mi pueblo, pasé en él dieciocho años pero que dieciocho años! –

Intensos como el olor de la hierva por la mañana, como los almendros en floración o el cocido de puchero al mediodía. Excitantes como esa primera vez que vas a segar con las primeras luces del amanecer, como la primera vez que tu padre te monta en la mula, tiernos como las propinas de tu abuela, emocionantes como el primer baile con esa chica en fiestas de camisa blanca. Clara se llamaba la chica, eso nunca se olvida.
Su pueblo, como todos, estaba en mitad del campo, como iba a ser si no, un arroyuelo lleno de cangrejos, ranas, berros y mosquitos lo cruzaba, en las afueras los chopos crecían a su alrededor, el mejor lugar de juegos y fantasías para un chaval en verano. Iban a coger ranas, se quitaban esas zapatillas y a por ellas.

– Pero Juan, ¿no has visto saltar esa gorda?–
– Siii, voy por ella, la tengo, la tengo – Y cuando la sacó del barro – ¡Ah una culebra! –

Y echaron todos a correr descalzos por entre los cardos como alma que lleva el diablo, el miedo es libre.
Pero siempre llevaban algo a casa, cangrejos, ranas, pájaros y, alguna vez que otra, los pantalones rotos y entonces la zapatilla de su madre les calentaba el culo, pero claro, chulillo que es uno,

– ¡no me ha dolido, no me ha dolido! – El palo de la escoba era mas serio.
– Señor, señor, ¿desea algo especial para comer?–
– No, gracias, cualquier cosa señorita. Creo que me he dormido y he perdido la noción del tiempo. ¿Me podría decir cuanto nos queda?–
– Estamos sobrevolando el atlántico desde hace cuatro horas, nos quedan aproximadamente otras cuatro.–
– Gracias.–

A esa comida le faltaban sabores, pero bueno, confortó su estomago que estaba un poco inquieto. Desde su partida del pueblo sus comidas fueron muy diferentes a las de su juventud, ansiaba probar de nuevo esas comidas a su llegada al pueblo. No es que sobrara en aquellos años, pero no faltó un buen potaje, o unas lentejas con ese espinazo del cerdo de la matanza, ¡que días esos de la matanza! Los dos últimos años su padre ya le enseñaba a destazar el cochino y veía como le miraba orgulloso al verle con el cuchillo.

– A veces me pregunto, si no me hubiera marchado ¿como me habría ido en el pueblo? Dejé solos a mis padres y por carta tenía contacto con ellos, pero me ocultaban su dolor por mi marcha.–

¡Cuantos años han pasado intentando volver! Pero el destino nos deslumbra de jóvenes y nos martiriza de mayores y casi sin darse cuenta su vida se le escapaba entre recuerdos y más recuerdos. Pero, ¿que futuro hubiera tenido en el pueblo?, la maquinaria se imponía y dejaba a las gentes sin esos jornales que tapaban los rotos del estomago. Aunque el destino tampoco fue muy complaciente con él en el extranjero, trabajo y más trabajo por un salario, si, hizo las américas, la tierra de las oportunidades, pero sus oportunidades no llegaron y que años más duros los primeros. Su juventud se fue al bajar del barco, si, se arrepintió muchas, muchas veces, añoraba su tierra, sus raíces, su familia, su gente, pero el tiempo pasa y pasa como el viento una y otra vez.

–Señores pasajeros, abróchense los cinturones que vamos a aterrizar. La hora actual en Madrid, España, las ocho treinta de la mañana y la temperatura en el exterior son seis grados sobre cero. Feliz estancia.–

No recordaba ya estos fríos que cortan la cara, aunque de pequeño, con esas nevadas, iba a la escuela con esos pantalones cortos, eran otros tiempos, lo mejor sería coger un taxi hasta el pueblo.
Era un mundo de locos, no sabía ni por donde andaba, viajeros y más viajeros, pasillos y más pasillos. Por fin vio un taxi.

–Si, si, no hay problema mi pueblo estará a unos ciento treinta kilómetros. ¡Dios mío! esto es de locos, coches y más coches, edificios y más edificios, ¡pero si no queda campo!–

Los kilómetros pasan y los edificios van desapareciendo, la sierra central se deja ver con ese manto de nieve en sus cumbres, pero esta no es la sierra que el veía desde su casa.

– Mi casa esta al otro lado, en los campos de cereal, donde la tierra era nuestra vida y la que nos acogía cuando nos la arrebata.–
– Señor este pueblo que usted dice está… –

El corazón le palpitaba rápidamente, por fin reconocía los terrenos, esa colina que veía al fondo era San Nicolás, en lo alto existían las ruinas de una ermita, de niños subían a ellas y se creían caballeros en su castillo. Debajo estaba la fuente del Sapo, de donde arrancaba un arroyo con buenos berros.

– Pare, pare, no entre dentro el pueblo. Quédese por a aquí, quisiera entrar paseando, lentamente. Reencontrarme poco a poco con mi pueblo.
La parada del coche de línea, aun creo ver a mis padres despidiéndome, en esta calle viven el Bonifacio y el Julián ¿que habrá sido de ellos?
La plaza, apenas quedan casas de las de antes, casi todas son nuevas y todo el piso de hormigón, en ese rincón había una olma con poyetes donde nos juntábamos bajo su sombra en verano y a su lado la fuente de los tres caños con su pilón para abrevar al ganado, ¿pero donde la habrán puesto? Como cambian las cosas, claro, yo me llevé la imagen de esos años, recuerdos que no han cambiado durante estos cincuenta años. ¿Y el arroyuelo? Joder, lo habrán entubado, no parece mi pueblo.–

Recorriendo esa calle se llegaba a la iglesia y junto a la iglesia el cementerio era su primera visita. Honrar a sus padres allí enterrados y dejarlos ese ramo de flores en sus tumbas. En las calles nadie, entre los visillos de una ventana creyó ver alguien mirándolo.

– ¡Dios mío! Cuantas casas nuevas y con tanto orden y concierto y no se ve ni un alma, serán casas para el verano pero han destrozado el mejor parque de juegos, las eras; el ganado por San Isidro, los primeros pastos y en verano el fruto del sudor de todo un año amontonado, cada cual en su sitio, legado de sus mayores generación tras generación. Esta calle la recorríamos en un plis plas y hoy se me hace agonizante.
La llave del cementerio, donde siempre, hay cosas que no cambian nunca. Tumbas y más tumbas y poquitas sin cuidar, joder, se murió el tío Fermín y este de al lado, su hijo, Mario, amigo mío de tropelías. ¡Madre mía! El tiempo no perdona. ¿Y estas tumbas tan desastradas?–

Una lágrima adulta seguida de un juvenil llanto afloró de su corazón, sus padres estaban allí, una tumba junto a la otra, como siempre en su vida, uno junto al otro, apoyándose siempre en sus pesares. Como un relámpago, un pensamiento le vino a su mente y cayendo de rodillas ante sus tumbas y rompiendo a llorar como un niño:

– Perdonadme, por Dios. Vuestro mayor pesar fue dejaros solos. Perdonarme, por Dios, esa juventud me traicionó–

En un instante sus recuerdos junto a ellos le pasaron por su mente y los vio sonrientes, como mirándole con esos ojos de ternura, como solo los padres saben reconfortar a sus hijos.
El tiempo pasó junto a sus tumbas como sin querer, no sabría decir cuanto tiempo, tal vez toda una juventud, unas flores dejaron testimonio de su paso y caminando hacia la puerta echó una mirada antes de cerrarla cuidadosamente. Cerró como para no perturbar su descanso y dejando la llave donde siempre, cabizbajo, retornó sobre sus pasos,ya no recordando aquella primavera correteando por esas calles, sino con la pesadez de un invierno, el suyo.

– Señores pasajeros, abróchense los cinturones, vamos a despegar… –





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