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Historias, leyendas y paseos por lugares de la provincia de Segovia.

Las hoces del Duraton,junto con sus barrancos,no son simplemente para verlas,sino para sentirlas con todos los sentidos posibles,nuestro sentido de la vista para admirarla y a veces incluso cerrar nuestros ojos y sentirnos como esos domadores del viento a los que envidio,tener el olfato de un lobo para disfrutar de los aromas y perfumes de las plantas aromáticas que nos trasportan las suaves brisas,percibir con nuestros pasos esas rocas tan agrestes erosionadas por nuestro mar de Tethys y en otras ocasiones,relajar nuestro pies en la verde pradera de la ribera,acompañados de las sinfonías de los coros de cantos de los pájaros y como música de fondo el susurro del río Duraton,Las hoces del río Duraton es un santuario todo él y sobre todo esos pequeños rincones secretos que guarda celosamente entre sus paredes y recovecos y que algunos pocos conocemos y eso es lo que nos enamora.Invito a todos a visitar este lugar tan autentico ,tan natural,tan segoviano y tan anónimo para muchos,a buen seguro les sorprenderá esta vieja cicatriz de nuestra tierra segoviana.


Mi pueblo es Cozuelos de Fuentidueña está perdido en mitad del campo, como tantos otros,esperando ser encontrados,pero no es un pueblo cualquiera,es mi pueblo donde tengo guardados mis recuerdos.
Mi pueblo es un pueblo de campos de pan y hambre, huelen a negra pana y sudor de padre,donde cantan sus hoces y gimen sus riñones al mismo son.
De negros pañuelos al viento barriendo la parva,recogiendo hasta la última gota de sudor de esos campos de primaveras preñados y veranos abortados.
Mi pueblo es de pasos cortos y lentos,de calles mudas,de caminos de verde esperanza,de fuentes ya sedientas como sus bodegas,de espera y espera,mirando al cielo de donde ya nunca llegará otra primavera .Y ya llegando el otoño con la caída de sus hojas, caen también sus esperanzas,Mi pueblo como tantos otros ya no tienen minutos de gloria
tienen las horas contadas.
Mi pueblo es mi niñez y mi adolescencia,son mis verdes prados rebosantes de campanillas blancas y amarillas,son mis huertos sembrados de frutas prohibidas,y de adolescencia de chicas bonitas también prohibidas,mi pueblo son mis recuerdos y mis recuerdos son mi pueblo.

Aquella mañana tampoco llegó, estuvo esperando toda la mañana sentado bajo la encina, en esa piedra aparente casi para esperar. -Otro día vendrá- se dijo, y poniéndose su sombrero de paja y agarrándose a su garrota se encaminó a casa en ese día de verano que para Luis fue una mañana más, como otra cualquiera, eso si, algo cabizbajo, llevaba ya esperando la visita algún tiempo, -sus razones tendrá para no venir- y frunciendo el ceño siguió su camino, camino entrecortado y lento, entre enebras centenarias, ya recorrido ¡¡ tantas veces!!.

Por la tarde, después de echarse una buena siesta, Luis se paseaba un  ratejo por la ribera del arroyo que por su pueblo serpenteaba, Matajudíos le llamaban, él muchas ocasiones se preguntaba el porqué ese nombre a un arroyo, pero después de cavilar un rato terminaba diciéndose, -sus razones tendrían los antiguos para ponerle este nombre- y, poco a poco, pasaba el día, las semanas, los meses, en fin, el tiempo, sin sorpresas ni sobresaltos, simplemente pasaba, que no es poco. Ya cuando la tarde caía se pasaba por el huerto, tenía cuatro plantas de tomate, unas de calabacín, unas sandías y melones de los de antes, cuyas simientes recogía él mismo el año antes, y también acelgas y, como no, berzas con las que estaba encantado viendo su vigor. Del mismo arroyo, por un senderillo, bajaba y cogía, con un  cubo de hojalata, el agua para regar su huerta, le resultaba muy grato el huerto y se le pasaba el tiempo más entretenido.

Cuando terminaba de arreglar y regar la huerta Luis se sentaba sobre un tronco caído, ya tan viejo como él, y allí de nuevo veía pasar el tiempo, los recuerdos de su vida se agolpaban en su mente. Como tantos otros de su pueblo y de la comarca, tuvo que abandonarlo allá por los años sesenta, se resistió todo lo posible, pero en una fábrica de Madrid se empleo hasta que vino al pueblo con su mujer cuando él se jubiló. Ella ya falleció hace unos años, su corazón ya no soportó un minuto más, sus hijos se quedaron en Madrid, pertenecían a esa gran colmena. Poco a poco, cuando la luz del sol se escondía, Luis mecánicamente, se colocaba su sombrero de paja y de nuevo se encaminaba hacia el pueblo con sus pasos entrecortados y lentos para ya meterse en casa y no aparecer fuera de ella hasta la mañana siguiente, bien prontito eso si, le gustaba madrugar, o no le gustaba estar solo en casa. El reloj de pared heredado de sus padres con su tic-tac, tic-tac, le martirizaba, hacia todo lo posible por quitárselo de su mente y aunque no le apeteciera nada para cenar, él se ponía a hacerse algo en la cocina, nunca le gustó, tampoco tuvo oportunidad de hacerlo, su mujer María le atendió y sacó a sus hijos adelante como pudo, eran otros tiempos, pero la echaba mucho de menos, y en lo que menos en esos menesteres, se sentía muy solo, las noches eran eternas, la Dama Soledad se instaló ya para siempre en su casa,tan silenciosa ella, de tan pocas palabras, y hace tan poca compañía.

A María, su esposa, la conoció en las fiestas del pueblo, era del pueblo de al lado y vino a casa de unos familiares a pasar las fiestas, quien lo diría, desde que se conocieron fue ya parte de su vida y, para siempre, única e irreemplazable. 

Terminada la cena, que podía durar casi una hora, recogía la mesa con la tranquilidad que le daba toda la noche, y con la amargura de tener que acostarse para no dormir apenas, la echaba mucho de menos, por egoísmo él hubiera preferido ser el primero, pero la vida no tiene ningún acuerdo con la muerte, Luis no se acostumbraba a ver esa casa tan vacía, tan silenciosa, se sentía prisionero en una cárcel de barrotes de frustraciones, soledad y amarguras… y ese maldito reloj… no para con su tic-tac, tic-tac, pero Luis no le forzaba a pararse, tal vez la molestia que tenía con él era lo poco rápido que marcaba su tiempo.

Pero la fatiga de sus años y la tranquilidad que le daba recordar en esos rincones ya casi olvidados del pasado, lograban dormirle. Esa noche soñó que por fin le llegaba la visita tan esperada, nunca pensó que fuera tan hermosa, vestida de un vaporoso blanco virginal, veía como se acercaba a él en la compañía de su amada, tantos años, esposa. La llevaba de la mano, la cara de María tenía la edad de cuando le dejó solo, pero irradiaba la felicidad de una novia junto al altar, no hubo palabras ni gestos por parte de ninguno, simplemente una lágrima recorrió la mejilla de Luis al sentir como cogía María su mano.

Luis siempre se preguntó como sería esa, su última visita. Durante su vida tuvo alguna que otra visita de alguna que otra dama con diferentes reputaciones, en sus primeros años de casado y con un hijo ya, le visitó la Dama Amargura, días duros de hambre, fue difícil echarla de su casa pero lo consiguió gracias a un gran caballero luchador llamado Tesón. La Dama Envidia nunca le visitó, Luis era muy consciente de su ser y de hasta donde podía llegar. La Dama Pasión se instaló para siempre en su vida, ¡como no sentir pasión por la vida y por todo lo que te rodea! La Dama Felicidad, esa si que es una señora dama, le hizo llorar muchas veces, el día de su boda y en el nacimiento de sus hijos y nietos, pero la perdonó esas lagrimas.

Tic-tac, tic-tac, el reloj despierta a Luis con un gesto de amargura, -los sueños, sueños son- piensa, pero con gusto no hubiera despertado. Como tantos días y años atrás,  se viste y emprende su paseo mañanero por el camino, entre las sombras de las enebras, que le lleva al cementerio.

Se cruza con su vecina la Luisa, como todos los días, que viene de rezar a su marido Antonio, la saluda, pero no recibe respuesta, malas jugadas nos hace a veces esta cabeza, -¿lo habré pensado solo, o no me habrá oído?-, Luis estaba aun un poco confundido con el sueño, no hacía más que pensar en ello, se sentía algo diferente y aturdido. 

En el cementerio rezó en la tumba de su esposa y como tantos días, como si ella le oyera desde allá donde estuviera, le contaba sus cosas, cosas sin importancia la mayoría de las veces, en esta ocasión le contó su sueño, y una nueva lágrima recorrió su mejilla, tal vez fue una lágrima de reproche contra esa dama que no le visitaba. 

Poco a poco, y apoyándose en su sufrido bastón, emprendió el camino abajo hacia el pueblo, camino lento y carente de emociones, todas se descargan cuando se llega a ese destino, cuando se baja ese camino solo tienes un vacío. A lo lejos ve  el pueblo y nota que algo pasa diferente a otros días, ve a sus vecinos algo alborotados y coches junto a su puerta, se sobresalta al acercarse y reconocer los coches de sus hijos, la voz de su interior le desgarra el alma, -¡Dios mio!- exclama, -¿que pasará?-, Luis no comprende lo que ve, tampoco asimila lo que siente al ver a sus hijos llorando y ver llegar un coche fúnebre y bajar un ataúd y meterlo en su casa. -¡Dios mío!, es para mi-.
-La visita tan esperada fue real, no fue un sueño, mi historia se vuelve a repetir, dejé mi corazón en mi pueblo cuando tuve que partir de él y ahora soy prisionero de él en cuerpo y alma, la Dama Muerte no cumplió lo pactado con la vida. ¡Dios mio, libérame!-

Un bote en el suelo era una tentación, darle la patada más fuerte que podías y salir corriendo y esconderte todo era uno, muchas noches de verano las pasábamos en mi pueblo jugando al bote. ¿Para que más juguetes que un bote y amigos? Como nos decían los padres: ¡juguetes!, la calle para correr y los cantos para tropezar.Poco a poco, los ibas localizando y corriendo hacia donde estaba el bote los nombrabas en su interior, estaban cazados casi todos, esperando que los pocos que quedaban los salvaran. Y es que siempre en la cuadrilla estaba el espabilado de turno que salía de su escondrijo y daba tal patada al bote que antes de recogerlo y ponerlo de nuevo en su sitio ya no quedaba ni dios allí y otra vez a empezar. ¡Jo, como lo pasábamos todos! Bueno, todos menos el que la quedaba.

A un jodido bote:
bote en una esquina de cualquier calle apostado,
junto a tu guardián, celosamente eres custodiado,
jodido bote, que patada tienes cuando te miro y no me ven
.

Coger bichos tampoco se nos daba mal, los teníamos diurnos, ranas, cangrejos, pececillos, grillos, gusanos... todo el día indagando como pillarlos; y los nocturnos, unos los llamábamos chicharras, chirraban toda la noche metidas en sus agujeros, la ciencia para cogerlas estaba en acertar en clavar un palo en la dirección que creías que iba su agujero y así taponarlo, evitando que se escondiera, claro, todo esto con mucho sigilo para que no se escondiera al acercarnos. ¿Por cierto, sabéis alguno como se capan las chicharras? Otro bicho nocturno eran las bombillas del alumbrado del pueblo, a esto íbamos armados hasta los dientes con esos tiradores, hechos por nosotros, por supuesto, con unas gomas de cámara de bicicleta, un poco de cuero de alguna bota rota para hacer la badana y una horquilla cortada de algún árbol, proyectiles no faltaban en el suelo, puesto que sus calles no estaban pavimentadas. Pero cuando nos aburríamos o nos echaban la bronca, ¡que no se por que, la verdad! (tarde o temprano habría que reemplazarlas por farolas), bueno tal vez fuera un poco temprano para eliminar la poco luz que había, pues hacíamos dos ejércitos, unos contra otros, hasta que a alguno escalabrábamos o nos escalabraban, fin de la batalla, no de la guerra, que continuaba la noche siguiente, con una baja, eso si. Claro, os preguntareis ¿por que de noche? Sencillo, alevosía, nocturnidad y, que leches, los bichos bombillas se veían mejor cuando estaban encendidas.
Antes de los cromos se jugaba a los cartones, el juego consistía en darle golpecitos con el dedo e intentar pillar el cartón de tu contrincante, montándole encima antes que él a ti. También se hacían carreras, el ganador se quedaba con todos los de los adversarios.

Llegando las lluvias y la borrasca de la escuela, jugábamos a los indios y los vaqueros, nos armábamos de revólveres que disparaban mas tiros que las metralletas más modernas, teníamos la legua muy rápida, pum, pum, pum y el dedo muy ligero: que te he visto, que te he dado, que tu no me has visto, mentiroso, ya no juego. Y es que siempre los indios tenían todas las de perder. Ahora tengo mejor concepto de ellos desde que vi la película Bailando con lobos.

Cuando el suelo ya estaba bien empapado teníamos nueva competición, el hinquete, o el hinque, un palo grueso de buena madera para que no te lo rompieran, de unos 30 centímetros de largo y con la mejor punta que os podáis imaginar. Y a la, pallá que te ibas, al colegio con tu hinquete pero sin la cartera, los donuts no te los olvidabas, ni los conocíamos, yo no se cuando vi esas cosas redondas sin agujero que se comían, pero de siempre me he preguntado por qué quitaban el agujero, tal vez no se coma sigo pensando, si no, otra explicación más lógica aun no encuentro. Este juego tenía sus peligros, bueno el juego no, los que jugábamos, poníamos todas las fuerzas e ímpetu en clavarlo lo mas posible y en alguna ocasión no llegaba a hincarse en el suelo sin antes hacer una brecha a alguno en la cabeza, este juego del hinque aun me sigue gustando, lo analizo y no se por qué.
De más mayores ya sabíamos leer, ¡que trabajo le costó a alguno que fumaba tanto!, no es de extrañar que fumara tanto, antes no había baja por estrés ni valium, de alguna forma tenía que pasarlo, ¡que profesión tan sacrificada esa de ser maestro de escuela! Bueno, pues ya nos entreteníamos con los tebeos y más mayorcitos seguimos leyendo tebeos.

En los bares recogíamos las chapas de los refrescos, les poniamos un cromo pegado y en el suelo hacíamos una especie de carreteras y La Vuelta Ciclista a España, ahora está el excaletric, a mis hijos creo que se lo "regalé" con un par de años.
Pues nada, por hoy ya hemos jugado bastante, todavía os ajunto a todos por lo que otro día jugaremos a otras cosas.

Cuentan que el avaro Otoño, perseguido por el Verano, iba huyendo aquella noche con su preciado botín de dorado oro, robado de los campos de trigo de Castilla, tan apresurado iba a su refugio en una de las cuevas de las hoces del Duraton, que su inmenso zurrón se rasgó en el campanario de la iglesia del Salvador de Sepulveda, esparciéndolo por toda su ribera.

Los chopos, altivos y elegantes como ninguno, se apropiaron de ello, para engalanarse y lucirse, para los que por allí pasaban, pero su ego llegó tan lejos que la pesada carga de sus hojas no pudo resistir y poquito a poco se fueron cayendo al suelo para quedar desnudos y es que la avaricia siempre rompe el saco.

Dicen también que en tiempos pasados un pastor encontró la cueva donde el Otoño atesoraba su preciado botín, cargo tanto las alforjas de su burro que se despeño cayendo al río, y, de nuevo, el dorado mineral se esparció por el río Duraton y de nuevo digo, la avaricia rompe el saco, y aunque el Duraton no refleja rayos dorados, brilla siempre con luz propia, la luz de la humildad.


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¿PATRIMONIO VIVO ?
Nuestros pueblos encierran un patrimonio, que de no pararnos detenidamente, pasan inadvertidos para muchos.
Hace unos días estuve a una charla con el titular PATRIMONIO VIVO,(sede P.P)el resumen de la charla, a mi entender fue desalentador,<el patrimonio le debemos salvaguardar todos,no hay dinero suficiente en la administración para mantener tanto patrimonio ><El patrimonio de mas valor sacarlo de los pueblos y capitalizarlo en un museo diocesano en la capital>¡¡vale!! y digo yo,nuestros pueblos tienen un patrimonio de incalculable valor,ya no solo un valor económico,arte,tradiciones,fervor,son nuestras raíces ,nuestra identidad,pero nuestros pueblos se mueren y nuestro principal patrimonio son sus habitantes para salvaguardarlo sufragando su conservación ¿que hacer?.
El sistema establecido, solo nos quiere para producir y llenar las despensas de los termiteros(capitales) ni mas ni menos,crear cada vez mas producción con el menor gasto, ya no solo económico si no personal,consecuencias,su despoblación.
En resumen,nuestros pueblos desaparecerán y con ellos su patrimonio,por ello deberán cambiar su formas de actuación, o el titular de la conferencia, por algo mas coherente a nuestros tiempos PATRIMONIO AGONIZANTE.
Joyas como estos artesonados irreemplazables, tienen la necesidad de mimos y conservación, ¡¡ pero claro!! estos no tienen intereses económicos ni votos como los de la capital.





Recorriendo esta nuestra vieja Segovia, me encontré con esta cruz en mitad de la nada, en pleno campo, junto a un camino, como tantas, pero me sorprendió por sus flores, pues me pareció una de las tres cruces para rogar al cielo sus beneficios, y busqué una razón en el pueblo de al lado el porqué de esas flores.
No tardé en encontrar, no una razón, sino una bella historia que emocionó mi frágil alma, esas flores las colocaba una señora en recuerdo a su marido muerto hace unos años y ¿por qué en ese lugar? Muy simple, me dijeron, de jóvenes, cuando se conocieron ,cada uno era de un pueblo, el amor les juntaba a medio camino, en esa cruz, que está en la división de los dos pueblos y en el aniversario de su muerte las coloca allí.
Me pareció hermoso, honrar con unas flores ese bello recuerdo de juventud y ese lugar que les unió, hasta que la dama Muerte les separó, pero creo que es solo físicamente, pues en espíritu creo que aún siguen juntos.

¡Ay Castilla! Aún de tintes azules, ¿donde quedó el verde esperanza de tus hijos? Sigues tan vieja como siempre, con tantos castillos como siempre y con tantos vasallos como humildad en sus campos. Me sabes a agua de botijo olvidado, me hueles más a alcanfor que a primavera en flor, ¡ay Castilla!, tienes aromas de vieja cuba, heredada de tus raíces centenarias, caminos de polvo y lágrimas, altares y cruces infundadas, pero llegado el verano, sorprendes mis sentidos, con los colores de grana y oro de tus campos.

El templo románico, nace de las raíces de la historia de un pueblo, la historia la escriben sus gentes, sus pasiones, sus tradiciones, sus amarguras, sus creencias, su trabajo, su fe, estos son los cimientos del templo.
Los sillares no son más que esas gentes colocadas con no menos empaque o destreza, como su sociedad, pero siempre, siempre, con la armonía que caracteriza al templo románico, este no se puede disociar del pueblo donde se encuentre, y este tampoco de la naturaleza que le rodee y este ubicado, el pueblo ademas de sus casas, su patrimonio, son sus gentes, esa es la esencia de un pueblo, sus gentes.
No solo se debe de admirar el templo, sino todo lo que le rodea, paisaje y paisanaje, su enclave no es altruista, entonces entenderemos realmente el arte románico. Y, tal vez, entender el momento de la historia a quien estaba dirigido y el porqué nuestras generaciones deben proteger este legado, y recordar nuestro pasado, es una lección de humildad que no debemos olvidar, en ocasiones para no volver a tropezar de nuevo, otras para imitar.
Protejamos nuestro patrimonio.

Fresneda de Sepúlveda

 Duratón

Ermita del Casuar, Valdevacas de Montejo

San Vicente, Hinojosas del Cerro

San Juan, Orejana

Calabazas de Fuentidueña es un pequeño pueblo perteneciente a la comunidad de Fuentidueña, de apenas cuarenta habitantes, una pequeña ermita dedicada a San Roque, abogado por excelencia contra la peste y todo tipo de epidemias, y un templo en el Otero dedicado a nuestra señora de la Asunción,(sigloXVI), fuentes no le faltan, bodegas tampoco.
Pero lo peculiar de este pueblo es lo que alberga en su interior el templo, unos lienzos pintados con escenas de la pasión de Cristo colgaban desde el coro hasta el suelo, mi interés por lo impactante que me sugirieron esos lienzos y mi ignorancia me hizo preguntar, las respuestas llegaron: se llaman sargas por ese tipo de tela utilizado a modo de lienzo, velos de pasión, velos de Semana Santa y su uso era tapar los altares en Semana Santa, hasta el día de la resurrección que se retiraban, una tradición o rito ya perdidos.
Mi mente se precipitó a un pasado por momentos y un sobrecogedor escalofrío me recorrió el cuerpo, solo de pensar lo tétrico que sería el escenario, para los más jovencillos, velas humeantes, sombras proyectándose sobre esos lienzos, dándoles movimiento y vida, y el sonido de esos rezos o plegarias interminables de las más beatas, cubiertas con un velo negro, casi inertes, como fantasmas.
Así domina la religión al pueblo, con miedo y por otra parte, haciéndose los benefactores de sus buenas cosechas por intercesión del buen San Roque. 

QUE HERENCIA MÁS MALA NOS DEJÓ LA IGNORANCIA










De nuevo, la nieve, aliada con el silencio, retó a la oscuridad de la noche, incansable, dejó su manto blanco durante toda la noche, fue una batalla perdida, las tinieblas la derrotaron, solamente aliándose con la luz del amanecer y una temperatura congeladora fue vencedora, mudos, rendidos y de apariencia fantasmal, aparecieron tras la larga batalla, pero vivos y llenos de belleza.
Llegando el mediodía, sus infieles aliados quisieron ser aún más protagonistas y fueron derritiendo al creador de esa blanca belleza, para convertirla en no más que agua, que como liquido elemento se fue en busca de los arroyos y ríos, que pletóricos y alegres recorren sus cauces llenando de vida sus riberas,y es que la historia solo la escriben los vencedores . 







Apenas han pasado las ocho de la mañana de una nueva semana, un nuevo día, que parece negarse a amanecer, solo el silencio es el protagonista, un gélido y blanco silencio que parece ser el único que está despierto. Poquito a poco los pueblos van despertando, abriendo tímidamente los ojos de sus casas, para más tarde abrir sus puertas, pero no todos los pueblos, algunos seguirán en silencio, un cruel y agónico, eterno silencio. 



La Leyenda Continua, así rezaba la convocatoria para todos aquellos caballeros de bellos y no tan bellos corceles del siglo XXI, son caballeros de este siglo, a veces solitarios, otros en grupos, vagan por nuestra península, son tan libres y tan nómadas como el viento de Otoño, deslumbran a su paso con el brillo de los cromados y el rugir de sus monturas. Sus coloridas armaduras y yelmos, muestran con orgullo como cicatrices de sus batallas, insignias, medallas y estandartes, y, aunque siendo de diferentes ordenes, no niegan el saludo al cruzarse con otro caballero, ni la asistencia a cualquiera en apuros en el camino. Por sus venas circula algo más que gasolina de muchos octanos, su pasión son las motos, no faltaron a su cita, a ese abrazo, ya lejano en el tiempo, de ese amigo, a la charleta al calor de la hoguera, a un brindis de cerveza por este encuentro y otro por un futuro reencuentro, quien sabe donde ni cuando.


CRÓNICA DE LA LEYENDA CONTINUA


La intendencia estaba preparada para la llegada de los primeros caballeros, llegados de diferentes puntos de este país, Albacete, Madrid, Murcia... y de los limítrofes, a buen seguro, cansados, hambrientos y sedientos, pero felices de llegar con bien.

Un recuerdo a estos compañeros, ¡¡buena atención y buena cerveza tenían¡¡


Aquella mañana, Luís se levantó de la cama como otro día cualquiera y, después de asearse y tomar un colacao con leche, mecánicamente se encontró, casi todavía medio dormido, debajo de la marquesina esperando su autobús: el nº 54. Y debajo de la marquesina, la misma gente de todos los días, aunque algo mas abrigada que los días pasados. El otoño parecía que quería echar de la gran ciudad a ese verano tan calentito.

¡Joder como cambian las cosas. Con lo buenorra que venia mi vecina que daba gusto madrugar a trabajar solo por ver esos voluptuosos pechos recogidos por esa camisetilla que, apenas, le tapaban sus dianas pronunciadas como cumbres de colinas¡.y ahora toda tapadita, Y el soso del quinto, ¡¡ cagüendiez !.! Joder con el soso!!. Dicen que se la ha tirado. ¡Va ,si se la ha tirado y no lo cuenta es como si no se la hubiera tirado¡; pero claro, de caballeros es lo que se calla uno y no lo que se dice. En fin....

Ahí va el tripón del bloque de al lado. ¡ Què morenito que viene¡. Los hay con suerte. ¡ Y parece que viene más delgado¡. Lo que hace el dinero. Ahora se cuidará y dejará al penco de la mujer que tiene. Y más después de tocarle veinte kilos. A mi me arreglarían el pellejo, la hipoteca, los colegios de los críos... Puede que hasta la María dejara de trabajar. ¡Total para lo que gana¡. Joder ¡ cuánto tarda este jodido autobús¡. Voy a llegar tarde y luego otra bronca del cabrón del jefe. Y, coño, cuanto frío hace, y yo con este jerseicillo solamente haciéndome el machito.

Una ráfaga de viento helado de la sierra de Navacerrada recorrió toda la marquesina y un escalofrío recorrió a Luís, desde donde sujetamos erguidos al cuerpo, hasta donde se encuentra éste con la cabeza pasando por la entrepierna que, aún templada por el recuerdo de la cama, resultó de un contraste fatal.

¡Ufffff ¡.Un retortijón y algo calentito y licuoso notó como avanzaba apresuradamente por los mulos. !!Dios mío el colacao!! . ¡Qué digestión y evacuación tan indolora y tan rápida¡, pensó Luís, de por sí estreñido.

Y el autobús 54 que llega. Pues bueno -reaccionó Luís-, cerca del trabajo hay un bar abierto. Allí me apaño, pensó. Si pierdo este autobús me despiden seguro.

No, no, señora suba usted primera. Ya sube tú también, chaval, que ya voy el último yo. No me importa.

Putas escaleras. Se me desparrama todo ¡ hala¡. Y ahora el paseíllo por todo el autobús. Joder cómo me miran ¿o me huelen?. Si es que este andar no es normal en mí. Yo tan tieso siempre y hoy, cruzándome las piernas como modelo de pasarela Cibeles pero en lento, no sea que deje rastro. De momento, solo lo noto hasta la rodilla. Coño, y es que la ciencia y los influjos y fuerzas telúricas esas no hay quien las comprenda. Un agujero, dos cauces y por qué por la derecha y no por la izquierda. !! Eso, eso, que se jodan los de la derecha que bien que nos joden a los pobres del puño cerrao¡¡.Ufff, joder que rato¡¡. Mejor me apretaba el esfínter, mejor que el puño.

Señor aquí tiene asiento. Su puta madre. Encima, con el "educao". Todos los días hasta la bandera y hoy... Sí, hoy va a ser mi día: el día de los engurriaos aplataus. Pero ¿como me puede pasar esto a mí?. Del Atleti de toda vida; del Carabanchel alto, del alto, no del bajo, y de izquierdas más que el mago René.

Bueno. Pues parece que entramos en calor y parece que se me pasa. Total ya, casi estamos llegando. No, no, pase señora yo el último. Como los toreros y por la puerta grande voy a salir hoy. Si no fuera por... ! ¡¡uuufff ¡¡la madre que las parió a las putas escaleras!. Otro retortijón. Ya si que soy del centro y de los bajos fondos porque yo creo que los cauces del colacao han desembocado en los zapatos. ! Dios salve al rey y a la ciencia !. Al rey por ser rey y la ciencia, porque todo fluido contenido en un cuerpo ejerce un empuje hacia las afueras que a veces no se siente pero que se huele !!

Qué razón tenia ese Arquímedes !!


DEDICADO DESDE EL CARIÑO A LOS DEL TERMITERO

La muerte no hace contratos con la vida, por campos, caminos y veredas acecha, no esconde su guadaña, sabe que es invencible en cualquier batalla, la visten de negro y de sexo femenino, como la madre que engendra  la vida. 
Una simple piedra erguida, inerte en el horizonte, entre la nada, la delata, nombra el infortunio de los primeros pasos por la vida.



¿Menhir segoviano?

Solo queda eso, una simple piedra y apenas recuerdos de los que compartieron su vida, sus esperanzas, sus sueños, que honrándole le dejan lo poco que tenían, unos útiles para su nuevo y último viaje. 
Alertas continúan su andadura, saben que pronto, muy pronto, tendrán su propia muerte, su propia piedra, su propio tributo de los continuadores de la vida, son portadores de sus genes y transmisores de sus memes, estos sí son inmortales.


Túmulo de la Torre, Castroserracín, donde aún se pueden interpretar restos de la cámara funeraria y el pequeño corredor de esta al exterior.


Túmulo del Mojonote, Navares de las Cuevas


Pero la vida pasa, pasan los siglos, pasan los milenios, nuevas formas de homenajear al padre, a la madre, al amigo,...a la vida que se fue, la muerte siempre deja testigo. 

Estelas funerarias 


Estelas funerarias romanas, Duratón y Duruelo (su posición seria en aspa no en cruz,el cristianismo aún no ha llegado)


Los imperialistas romanos también encontraron a la dama Muerte en nuestra tierra y como testigo sus estelas funerarias arrancadas a la dama se muestran como souvenir o tal vez botín de guerra, o reto a esta. 







Las cruces (menhires con la forma más cruel), son testimonio de un pasado reciente, testigos de la muerte en sus formas más variadas, a veces económicas, por no rendir tributos a la casa del fielato de Cuellar, otras, causas naturales como en el Villar de Sobrepeñas, una exhalación fulmino a un matrimonio y su hijo camino de Sepúlveda a su hogar, un derrumbe sepultaba a un chaval en San Miguel de Bernuy, otras son anónimas, el tiempo las borró de la memoria pero no para la muerte, aún el testigo sigue presente a nuestro paso.

(Ver: Crimen de VellosilloAsí reza este "Aquí murió, de mano airada, Lorenza Herrero, día 26 de julio de 1.883"

Otro menhir más en el horizonte, otro testigo más de la la muerte tan presente en nuestras vidas, la muerte no tiene escrúpulos, una vez más la muerte triunfa, y de nuevo, como si de una bandera se tratara, la coloca triunfante sobre la pequeña colina junto al camino para no pasar inadvertida, es un alarde de poder después de la batalla, a veces otra vida de mano airada es la que se alía con la muerte, la muerte no da tregua, cada campo tiene su camino, cada camino su menhir, cada menhir una vida inocente y a la vez culpable por el simple hecho de haber nacido. Que contradictorio, que tesón lo de la dama de la daga, no calma nunca el dolor, mientras, la vida continua su camino, como el amanecer, nace un día tras otro a sabiendas que morirá unas horas más tarde, pero volverá de nuevo a renacer unas horas después, y así desde el principio, cuando se fecundó la vida en el útero de este planeta. Pero... ¿hasta cuando? hasta que la muerte deje de ser ejecutora de la vida, entonces la falta de la muerte acabará con el renacer de la vida.

               Puerta perteneciente a la calle de Segovia,Muerte y Vida,por la cual  esta, lleva su       
                                nombre,expuesta en el Museo Provincial de la capital.


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